Las metáforas de Thanos: del neo-malthusianismo a la ideología del realismo político

Por Stephan Gruber

Hace unas horas se estrenó The Avengers: The Endgame, que será, seguramente, la película más vista del año (y quizás, de la historia, al menos si lo medimos por dinero recaudado). Dejando de lado la discusión sobre la calidad cinematográfica, el universo de Marvel que concluye con esta película ha tenido una interesante forma en intervenir sobre debates políticos y sociales, mostrando a veces la ideología de la época y otras yendo más allá de esta. Sus películas nos han mostrado la evolución de la relación entre nación e individuo en el arco de Captain América, o la transformación de un empresario individualista en un colaborador con el Estado en el arco de Iron Man, o la reinvención de los imaginarios raciales en la genial Black Panther, o el tratamiento del género con Captain Marvel.  Sin embargo, a pesar de la gran riqueza de todos estos personajes en las casi veinte películas precedentes, es probablemente Thanos (Josh Brolin), el antagonista de la última Avengers, el personaje más interesante que el arco ha producido. En este texto quiero explorar un par de metáforas o alegorías que se pueden construir desde el personaje, una bastante evidente en relación con el maltusianismo y otra algo más elaborada, y quizás más relevante, en relación a la ideología que puede lastrar el diseño de políticas.

Mientras en las anteriores películas, donde aparece brevemente y de soslayo y donde se le ve básicamente como un ser malvado y ambicioso de poder, es en Avengers. Infinity Wars, en la que se ve una profundidad en sus ambiciones y carácter. Al parecer, Thanos tiene el objetivo de aniquilar poblaciones y planetas no por una sed de sangre sádica, sino debido a su convicción de tener que dar “balance al universo” cuya población y actividad económica se ha expandido en demasía, poniendo en riesgo la supervivencia de la vida en general. Es decir, habría un objetivo ulterior, un fin que justifica los medios; los sacrificios son necesarios y no lo excluyen a él, quien también tendrá que realizar algunos personales (el de su “hija” Gamorra, sacrificada para conseguir las piedras del infinito). Esta certeza de la necesidad del “balance” no sería una idea teórica de Thanos, sino fruto de su experiencia personal con la crisis y decadencia de su planeta natal (Titan) debido a la sobrepoblación. La incapacidad para llevar a cabo su propuesta política de asesinar aleatoriamente una porción de la población para controlar el crecimiento (pues fue visto como un loco), habría llevado a la destrucción total de la civilización, siendo él quizás el único sobreviviente. Entonces, para que el universo no corra la misma suerte, se propuso llevar a cabo su plan de manera dictatorial, imponiendo el genocidio de la mitad de las poblaciones de los planetas que invade.

La figura de Thanos aquí resuena claramente con lo que en economía y demografía se ha llamado el pensamiento malthusiano, nombre que viene de Thomas Malthus, economista político de inicios del siglo XIX. Malthus señalaba que los seres humanos, una vez que se les da condiciones para su reproducción y la supervivencia de los recién nacidos, se expandirán de manera exponencial, eventualmente sobrepasando la capacidad alimenticia de la economía, llevando a hambrunas y epidemias.

La fuerza de crecimiento de la población es tan superior a la capacidad de la tierra de producir el alimento que necesita el hombre para subsistir, que la muerte prematura en una u otra forma debe necesariamente visitar a la raza humana. Los vicios humanos son agentes activos y eficaces de despoblación… Pero si fracasan en su labor exterminadora, son las enfermedades, las epidemias y la pestilencia las que avanzan en terrorífica formación segando miles y aun decenas de miles de vidas humanas. Si el éxito no es aún completo, queda todavía en la retaguardia como reserva el hambre, ese gigante ineludible que de un solo golpe nivela la población con la capacidad alimenticia del mundo. (Thomas Malthus, Ensayo sobre la Población, 1798)

Aunque Malthus falló en su predicción respecto al destino de la población humana, dado que la innovación tecnológica (teniendo el guano peruano de mediados del siglo XIX un rol clave) permitió el crecimiento exponencial de la agricultura mundial, salvándonos del hambre y permitiendo la expansión de las fronteras de demográficas. Actualmente, por ejemplo, más que faltar, sobra comida; el problema es que su distribución dentro de la lógica del mercado hace que mucha de esta termine en los basurales de las grandes ciudades del mundo, mientras que en otros países poblaciones se mueren de hambre (Davis, Planet of Slums 2006). Sin embargo, desde los años setenta, un pensamiento neo-malthusiano ha resurgido en relación con la posible catástrofe ecológica (Meadows et al, 1972). Es decir, el problema ya no sería la falta de alimentos, sino que mientras más crezca la población con los actuales hábitos de consumo (y más países del tercer mundo se sumen a los hábitos de consumo del primer mundo), más en riesgo estará la estabilidad ambiental del planeta y la sostenibilidad de la economía. Las posibilidades de un crecimiento poblacional descontrolado se han mitigado en parte por la caída en la fertilidad europea y las deliberadas políticas neo-malthusianas de la China, pero se sostienen en partes del tercer mundo; se pronostica que espacios como África o India llevarán a un continuo crecimiento poblacional. Estas perspectivas, entonces, hacen que parte del ecologismo plantee la necesidad de retomar las políticas neo-maltusianas de control poblacional, contracepción y educación sexual.

Thanos, entonces, encarnaría un caso extremo de maltusianismo, uno que parece no confiar en ninguna otra manera de resolver el problema poblacional que la deliberada reducción violenta de las poblaciones en el universo. Sin embargo, parece que Thanos no tiene el poder para lograr su tarea a menos que consiga todas las piedras del infinito, que le dan infinito poder, control sobre la realidad y el tiempo. Solo con estas podría acelerar el proceso y eliminar a la mitad de la vida del universo de un solo chasquido. El arco de Avengers es en parte el viaje de Thanos para lograr este poder, primero enviando a sus secuaces, quienes fallan, y luego encargándose del objetivo él mismo. Esto me lleva a la segunda metáfora que encuentro en Thanos.

Pensemos de esta manera. Thanos alegoriza un planteamiento de políticas públicas diseñadas para enfrentar a una crisis de la forma de vida en la que se encuentra: la sobrepoblación crítica. Tal sobrepoblación parece no poder solucionarse con controles previos (los obstáculos privativos como los llamaba Malthus), sino con la destrucción de la población excedente. Ante esto, Thanos diseña una política (la aniquilación de la mitad del universo);  sin embargo, aún no tiene la capacidad estatal para ejercerla, razón por la que procede a un acelerado proceso de “construcción de capacidad estatal” (la búsqueda de las piedras del infinito) para llevarla a cabo. Una vez que consigue esta capacidad estatal (vía un “cambio tecnológico” brutal que lo hace todopoderoso), procede a ejercer su política y aniquila la mitad del universo. Esto, por un lado, parece tener sentido: hay una crisis, diseño una salida, busco la tecnología para implementarla, la implemento. Pero, en realidad, aquí hay un déficit de racionalidad política, ya que es probable que la transformación en la capacidad estatal para enfrentar la crisis también implique que esta se pueda leer de otra manera, y por tanto que otra política, más óptima, pueda ser diseñada. En otras palabras, el “paradigma de políticas” (Hall, P. 1992) que se tiene en cierto momento, que determina lo que imaginamos como  las políticas posibles, puede entrar también en crisis con las transformaciones que se dan tanto por fuera o por dentro del Estado.

En cierto sentido, el poder que tiene Thanos gracias al guantelete del infinito, le permitiría, probablemente, resolver los problemas ambientales, económicos y sociales del universo de una manera menos violenta y genocida que su plan inicial, pero esto parece estar fuera del cálculo e idea de Thanos. Un meme que circuló por la web mostraba precisamente esto.  Un personaje le pregunta a Thanos: ¿por qué no usas tu poder para resolver la crisis ambiental que es la razón que te lleva a querer matar a la mitad del mundo? La respuesta de Thanos –ya poseedor de la gema de la realidad– es esta: “la realidad es lo que yo quiero que sea” (que es una cita literal de Thanos, en otro contexto, usada como plantilla del meme). Difícilmente encontremos una mejor representación de cómo la ideología implica precisamente definir la realidad.

En suma, lo que quiero decir con esta última reflexión es que el problema de Thanos nos presenta una interesante metáfora para entender un gran problema recurrente en la política: que los paradigmas o ideologías de políticas son resilientes, recalcitrantes al cambio una vez que se asientan en nuestras ideas e instituciones, por más de que hayan buenas razones para innovarlas. Para poner un ejemplo cercano, la crisis de los 80 en el Perú nos ha hecho un país temeroso de la inflación. Esto parece algo claramente positivo, lo que legitima que el Banco Central de Reserva y el Estado tengan políticas austeras, balanceadas y poco ambiciosas en términos de estimulación económica. Sin embargo, si analizamos fríamente, esto es económicamente inexacto o en todo caso, algo que debería estar abierto a debate: una cosa es inflación y otra la hiperinflación (la inflación no necesariamente lleva a una hiperinflación, y la primera no necesariamente es dañina) (Kirshner 1999, Barro 1995). Se podría decir incluso que una inflación momentánea permitiría realizar ciertos objetivos de desarrollo que el país ahora enfrenta. No obstante, alimentar una inflación es algo que está fuera de discusión, a pesar de que los tiempos han cambiado de los ochenta para aquí, tanto internacionalmente, como en capacidad estatal del país. En ese sentido, el paradigma de política parece reforzarse por una ideología que no permite pensar alternativas e innovaciones de política. Esta ideología combina afectos (la imagen de la crisis de los 80), ideas (la teoría monetarista y nuevo clásica de la centralidad del control de la inflación) y se encuentra institucionalizada (el inflation targetting del BCR). Esta mezcla, literalmente, produce o modela la realidad a la que nos enfrentamos, define qué políticas son realistas. Entonces, a pesar de cambios materiales, nuestro menú de políticas es limitado; esto puede no ser problemático, hasta que el actual paradigma empieza a encontrar límites y surge otra crisis.

¿Qué nos permite ir más allá de los paradigmas e ideologías? ¿Qué puede hacer cambiar la mente a Thanos si él “define qué es la realidad”?  Quizás los Avengers, en su última aventura, nos muestren un camino.

Referencias

Barro, R. “Inflation and Economic Growth” Bank of  England Quartely Bulletin 35, 1995

Davis, M. Planet of Slums. Londres: Verso Books, 2006.

Kirshner, J. “Inflation: Paper Dragon or Trojan Horse” Review of International Political Economy 6, 1999.

Hall P. “Policy Paradigms, Social Learning, and the State. The Case of Economic Policy-Making in Britain”, 1992

Malthus, T. “Ensayo sobre la población”, 1798.

Meadows, D.; Meadows, D. Randers, J., Behrens, W. The Limits to Growth. Nueva York: Universe Books, 1972.

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