MUJERES OCCIDENTALES EN EL DAESH [Segunda parte] El proceso de radicalización: factores ‘push and pull’

 Por Clara Burriel Pérez

Se ha producido un crecimiento en la  literatura que explora las condiciones bajo las cuales las mujeres se unen a las organizaciones armadas[1]. Estos estudios sugieren que el proceso de radicalización de las mujeres es, en gran medida, similar al de los hombres. Así, existen diversos factores que conducen a través de un proceso de radicalización formado por distintos patrones. Conocer y entender estos procesos es fundamental en los esfuerzos para combatir la amenaza del extremismo violento, tanto para la prevención frontal de la radicalización como para desarrollar infraestructuras para la desradicalización. 

Analizaremos a continuación los factores generales de “empuje” (push) que hacen que ciertas mujeres sean más vulnerables a la propaganda extremista, y los principales factores de atracción (pull) que influyen en las mismas para unirse a la ideología yihadista del Daesh, hasta el punto de que están dispuestas a abandonar sus hogares y hacer hijra (peregrinación) para unirse al llamado Califato[2]. Es importante, sin embargo, tener en cuenta que la radicalización no es un proceso lineal, sino dinámico, dependiente de muchos factores, y que el proceso de radicalización es completamente único y específico para cada individuo

Factores de empuje (“push”)

Los principales factores de empuje identificados que han motivado la migración de mujeres occidentales a los territorios controlados por ISIS son, a menudo, similares, sino los mismos, que los que motivan a los hombres. Estos factores incluyen sentimientos de aislamiento, de persecución y de ira y rabia:

  1. Sentimiento de aislamiento dentro de la cultura occidental. La mayoría de los individuos pertenecientes a grupos étnicos minoritarios dentro de la sociedad occidental que han experimentado alguna forma de abuso o discriminación en base a su identidad étnica. Las mujeres musulmanas que optan por usar el hijab o niqab son particularmente vulnerables y experimentan comentarios discriminatorios en público con más frecuencia que los hombres, pues esta ropa sirve como un marcador de identidad. Los actos discriminatorios crean sentimientos de aislamiento dentro de una comunidad más grande, la occidental, y dejan al individuo más expuesto a las narrativas extremistas. Grupos como el Daesh aprovechan esta situación, y utilizan la propaganda para cultivar un sentimiento de pertenencia, como veremos mejor cuando examinemos los factores de atracción. Los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental en la configuración del discurso en torno a temas como el terrorismo, el extremismo, y cómo se perciben las minorías dentro de la sociedad. En este sentido, las representaciones despectivas y los titulares inexactos y sensacionalistas atribuidos a un grupo minoritario contribuyen a crear mayores prejuicios hacia ese grupo, pudiendo causar un mayor aislamiento de los mismos.
  2. Sentimiento de persecución hacia la comunidad musulmana, o la creencia de que los musulmanes, como comunidad internacional, han sido perseguidos violentamente por los “infieles” o “no creyentes” a lo largo de la historia. Esta lucha se cuenta a través de las narraciones del Imperio Otomano frente a los Habsburgo, el genocidio bosnio, Israel contra Palestina, la violencia del régimen de Assad y otros conflictos históricos. En definitiva, una variedad de complejos conflictos internacionales se presentan como parte de una guerra contra el Islam por parte de los no creyentes, solidificando una cosmovisión de “nosotros contra ellos”. Se emplea la propaganda en Internet para reforzar esta creencia, mediante el empleo de imágenes y documentación violenta, que a menudo muestra la violencia hacia las mujeres, los niños, o las consecuencias de los bombardeos en Siria. Estas imágenes se comparten en las redes sociales con el fin de denunciar las injusticias y sufrimientos que padecen los musulmanes en todo el mundo.
  3. Ira y frustración por la inacción internacional; es decir, la percepción de que las entidades internacionales no están defendiendo a la comunidad musulmana, considerada bajo ataque (como hemos visto en el punto anterior). Esta forma de retórica no es exclusiva del Daesh, sino que otras organizaciones yihadistas como Al-Qaeda y los talibanes utilizaron ya esta ira para ganar la dedicación y sumisión de los reclutas, que sienten que están luchando por una causa divina y valiosa. En esa retórica de “nosotros contra ellos” se identifica y deshumaniza al enemigo, justificando así la violencia. Esta narrativa fue especialmente influyente en las primeras etapas del conflicto sirio, cuando muchos ciudadanos occidentales emigraron en nombre del humanitarismo. El “enemigo”, en este caso, era el gobierno de Assad, pero ahora la falta de intervención internacional contra el mismo es también destacada dentro de la propaganda extremista, señalando que Occidente es cómplice e incluso responsable del sufrimiento de musulmanes inocentes. Dentro del proceso de radicalización, la empatía que sienten las mujeres por las víctimas musulmanas de la violencia, combinada con la percibida complicidad de las potencias occidentales en el mantenimiento del conflicto, constituye un factor muy influyente en su decisión de abandonar Occidente y buscar una sociedad alternativa.

Queda claro que las mujeres padecen una forma particular de opresión, debido a sus vestimentas, y llegan incluso a percibir que vivir en una sociedad no musulmana no es seguro para ellas. El aislamiento es un factor de gran importancia, que sugiere que la hostilidad occidental puede conducir a las mujeres hacia comunidades fundamentalistas y alentarlas a simpatizar con los objetivos del Daesh. Es necesario tomar en serio los efectos de la antipatía política y social hacia los musulmanes, que actúa como catalizador del resentimiento, el aislamiento y la violencia.

Factores de atracción (“pull”)

Las motivaciones que llevan a las mujeres a emigrar hasta los territorios controlados por el Daesh se desprenden, en parte, de las promesas que se les hace a través de la propaganda oficial en Internet, formada por revistas y declaraciones oficiales del Estado Islámico. El estudio de estas promesas puede ayudarnos a comprender los incentivos que motivan a las mujeres a migrar, constituyendo medios para idear mejores medidas para contrarrestar la radicalización de las mujeres hacia este grupo. Recordemos, antes de examinar estos factores, que la propaganda en sí misma rara vez radicaliza o recluta a una persona para una organización, sino que cataliza este proceso y lo consolida[3]. Así, estas “promesas” que el Daesh hace a las mujeres pueden agruparse en seis[4].

  1. Cumplimiento de deberes religiosos. La propaganda oficial está llena de llamadas para hacer la hijra (hégira), alegando que las mujeres y los hombres tienen el deber religioso de migrar y vivir en tierras islámicas bajo la ley sharia[5]. No hay diferencia entre los sexos en el cumplimiento de este deber. Según la retórica del Daesh, es imposible vivir como un musulmán piadoso y justo en los países occidentales, que están llenos de pecado, y las mujeres que viven en Occidente han abandonado sus roles naturales dados por Dios, tratando de emular a los hombres y desafiando así la totalidad del sistema natural. Políticas como la prohibición de llevar velo en algunos países europeos permiten al Daesh elaborar el mensaje de que es imposible para las mujeres vivir en los países occidentales, de acuerdo con la interpretación del Islam por parte de este grupo, presentando la migración a territorios del Estado Islámico como la única alternativa. A las mujeres que cumplen con esta exigencia se les promete además ser altamente recompensadas, tanto en esta vida como en el más allá. Por tanto, las mujeres migrantes están convencidas de que era su deber religioso obligatorio (fard al-ayn) realizar este viaje.
  2. Participación en la construcción del Estado. Las mujeres que se unen al Daesh en los territorios de Siria e Irak esperan contribuir a la construcción y a la sociedad del naciente Estado Islámico. La declaración del llamado Califato en 2014 ha sido crucial para atraer a estas mujeres. Se les promete cumplir un papel importante en la construcción del Estado y múltiples formas de contribuir mediante papeles instrumentales en esta nueva sociedad. Las mujeres, dentro del territorio controlado por el Daesh, perpetúan este mensaje a través de sus cuentas en diferentes redes sociales, defendiendo la decisión que han tomado y pidiendo a otras “hermanas” que se unan, contribuyendo de este modo a la propaganda del grupo yihadista y a la difusión de las promesas hechas por el mismo.
  3. Hermandad y pertenencia. Unos de los mayores factores de atracción para algunas mujeres es el sentido de pertenencia, de unidad y de comunidad. Muchas mujeres musulmanas o descendientes de inmigrantes que viven en sociedades occidentales experimentan un proceso natural de cuestionar su identidad y pertenencia durante su adolescencia y temprana adultez. El factor añadido de ser parte de una minoría étnica y/o religiosa tiende a incrustar de manera natural un sentido de alteridad, particularmente para las mujeres que usan el velo. Además de resaltar los sentimientos de aislamiento y discriminación que sienten las mujeres musulmanas en Occidente (factores de empuje), la propaganda oficial pone mucho esfuerzo en comunicar un sentido de pertenencia para todos los musulmanes que viven en territorios controlados por el Daesh, presentándose como una comunidad inclusiva en Siria e Irak. Constituye éste un ingrediente importante y necesario en la construcción de una nueva nación y en la atracción de nuevos ciudadanos.

Más allá de esta promesa general de pertenencia a una comunidad en la propaganda oficial, la promesa de hermandad orientada específicamente a las mujeres es destacada en la propaganda no oficial que circula en las redes sociales (Facebook, Twitter, Ask.fm, Telegram, etc.), en la que las mujeres se refieren entre sí y a aquellas a quienes se dirigen como ukhi, “mi hermana”, y akhwati, “mis hermanas”, con las que experimentan lazos profundos de amistad y amor[6]. Las redes sociales permiten una comunicación más directa y privada, que se presta más al intercambio de mensajes personales y emocionales. A menudo se publican imágenes de grupos de “hermanas” con velo posando juntas, acompañadas de críticas a las relaciones falsas o superficiales experimentadas en Occidente. Esta búsqueda de significado, a través de la identidad y de la hermandad, es un importante factor para muchas mujeres a la hora de tomar la decisión de migrar: como no logran encontrar esas relaciones a nivel local, buscan y crean esas relaciones en la red, construyendo comunidades compartidas online que pueden motivar su radicalización y su viaje al extranjero.

  1. Aventura. La propaganda oficial destaca las hazañas de las valientes mujeres que emigran, presentando la nueva tierra como un paraíso lleno de desafíos al que solo las valientes hermanas pueden aspirar. La aventura forma parte de la experiencia completa de unirse al Daesh, incluido el viaje al paraíso. Esta sensación de aventura al salir de casa para viajar a nuevos lugares puede ser especialmente influyente para las mujeres más jóvenes. Vale la pena recordar que un gran número de las mujeres occidentales que se unen a la organización yihadista son muy jóvenes.
  2. Romance. Un gran factor de atracción en la propaganda del Daesh, que atrae tanto a reclutas occidentales masculinos como femeninos, juega con los aspectos románticos de la aventura y se relaciona con la búsqueda de romance, en forma de esposa o marido. Este romance es el premio por hacer el viaje, aunque esta promesa no se especifica muy a menudo en la propaganda oficial, sino a través de las vías no oficiales, como las redes sociales. Más que al romance, la propaganda oficial hace referencia casi exclusiva al matrimonio. La unión entre las mujeres migrantes y los yihadistas (que también pueden ser hombres migrantes) es altamente glorificada[7]. Se difunde también la idea de que apoyar a un esposo yihadista y asumir la ideología del Daesh supone un empoderamiento para las mujeres. Las mujeres solteras que planean viajar a Siria sin la intención de casarse a su llegada son abiertamente disuadidas online, a la vez que se las anima tanto a casarse como a considerar la muerte de su esposo como un honor. De hecho, convertirse en la viuda de un mártir es considerado un privilegio que a menudo es perseguido abiertamente por las mujeres. Por su parte, los yihadistas son retratados en la propaganda oficial como esposos adecuados y los mejores compañeros posibles para las mujeres que hacen la hijra. Se busca principalmente la adhesión de mujeres solteras, pero también se alienta a las mujeres casadas a abandonar a sus maridos que no siguen la estricta interpretación del Islam del Daesh, y ello pese a que el divorcio no está bien visto dentro del Estado Islámico. Al mismo tiempo, a las viudas se las previene de regresar a sus países de origen.
  3. Influencia; dentro de la población musulmana en todo el mundo, y la oportunidad de contribuir a su restitución como comunidad[8]. Se publicita una imagen en la que los musulmanes han sido humillados, esclavizados y marginados por occidente, con motivo de su fe. Mediante el establecimiento del “Califato”, se argumenta que se ha devuelto el poder, la influencia y la autodeterminación perdidos a los musulmanes. Además de la promesa de formar parte de este proceso, a las mujeres musulmanas también se les promete influencia en forma de subyugación de otras mujeres pertenecientes a otras religiones.

En definitiva, la propaganda del Daesh transmite a las mujeres que, uniéndose al grupo en los territorios de Siria e Irak, se les asegurará su lugar en el paraíso, al mismo tiempo que se les dará la oportunidad de participar en la construcción de una sociedad utópica y se les proporcionarán esas sensaciones de aventura, pertenencia y hermandad, que no pueden obtener en Occidente. Estos factores, complementando a los de empuje, influyen en la motivación para la migración a Siria. Pero, como ya se ha advertido, la propaganda del Daesh se limita a cumplir un papel catalizador dentro del proceso de radicalización. La motivación central para la migración de extranjeros es el compromiso ideológico con la organización que requiere una migración física. Las muhajirat, al igual que los simpatizantes masculinos, entienden su lugar en la yihad como mujeres justas que rechazan con valentía el mundo no musulmán y apoyan el Califato. Las mujeres ven en la hijra un deber requerido por las enseñanzas islámicas que les proporciona la oportunidad de participar en la creación y el mantenimiento del nuevo Estado. Al mismo tiempo, muestran poca paciencia con aquellos musulmanes que no emigran, acusándolos de no ser lo bastante valientes y avergonzándolos, pues ven esta obligación con el Daesh como exigible para todos los musulmanes y vinculante para ambos sexos.

[1] Alison 2003, 2004, Bloom 2007, Sjoberg y Gentry 2007, 2008, Gonzalez-Perez 2008, Eager 2008,  Coulter et al., Herrera y Porch 2010, Cohen 2013; Viterna 2006, 2013; Thomas y Bond 2015; Henshaw 2016.

[2]Estos factores, entre otras fuentes, han sido identificados en función de cómo estas mujeres expresaron sus propias razones para marcharse, y a partir del análisis de sus interacciones sociales online destinadas a reclutar más mujeres migrantes.Para másinformación, véase SALTMAN, E.M. y SMITH, M.‘Till Martyrdom Do Us Part’ Gender and the ISIS Phenomenon,

[3] Winter, C. (2015) The Virtual ‘Caliphate’: Understanding Islamic State’s Propaganda. Quilliam Foundation; Schori Liang, C. (2015) Cyber Jihad: Understanding and Countering Islamic State Propaganda. Geneva Center for Security Policy, Paper 2015/2.

[4] Algunos autores establecen siete factores o promesas (Tarras-Wahlberg, Seven Promises of ISIS to its Female Recruits) mientras que otros hablan de tres (Saltman y Smith, ‘Till Martyrdom Do Us Part’ Gender and the ISIS Phenomenon). El contenido de estas promesas, sin embargo, es el mismo en todos los análisis, tan sólo cambia el modo en el que se agrupan.

[5] Las creencias radicales del Daesh están estrechamente ligadas a una interpretación fundamentalista de la fe islámica, que exige que los creyentes hagan la hijra.

[6] Saltman, E.M. y Smith, M. (2017). ‘Till Martyrdom Do Us Part’ Gender and the ISIS Phenomenon / ICSR. Institute for Strategic Dialogue (ICSR).

[7] En las redes sociales, imágenes de un león y una leona se comparten con frecuencia para simbolizar esta unión.

[8] Recordemos que uno de los principales factores de ‘empuje’ era el sentimiento de persecución de los musulmanes, unido a la ira y frustración asociadas a la impunidad de aquellos que han contribuido a su sufrimiento y a prolongar sus situaciones de injusticia.

 

Créditos de la imagen: https://elpais.com/politica/

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