A través de la biblioteca…(de Jürgen Habermas)

¿Con qué sistema ordena sus libros?

¿Realmente quiere saberlo? La pregunta correcta es, en todo caso: “¿En dónde hay aún espacio para los libros?”. Mi esposa y yo nos dividimos la organización de los libros de literatura, historia, arte y fotografía, por un lado y, por el otro, los de filosofía y ciencia. En la planta superior, ella se encarga de llenar cada nicho, organizado por idioma, y me termina por dejar un par de muebles para los filósofos clásicos hasta Schopenhauer y los discípulos de Hegel. A los historiadores los coloca abajo, en su estudio. En el mío, alrededor de todo el cuarto, tengo tanto libros de filosofía contemporánea, de política (en su sentido más amplio), como de teología y sociología de la religión (pues trabajo en un tema concerniente a ello actualmente). Todo lo demás, es decir, la mayoría de libros, tuvo que irse abajo, en el realmente bonito cuarto de pasatiempos –equipado, entretanto, con estantes de farmacéutico convertidos en biblioteca. Este está organizado por disciplinas (desde sociología y psicología del desarrollo hasta lingüística y derecho público). Están organizados cronológicamente en cierta medida solamente los contemporáneos, aunque también incluyo las obras que se han vuelto clásicas en la filosofía, comenzando por Dilthey, Peirce y Husserl hasta Löwith, Gadamer y Hannah Arendt; así como los llamados clásicos de la sociología (desde Saint-Simon y Marx hasta Luhmann). Los “frankfurtianos” (incluidos Benjamin y Scholem) forman su propia sección, porque ellos (al igual que en mi biografía intelectual) ocupan un lugar mayor.

 

¿Qué libro está leyendo ahora?

Acabo de leer Los años de Annie Ernaux. La descripción etnológica, en cierto sentido, de su despersonalizada historia de vida en el espejo de la historia del tiempo y la sociedad franceses me ha maravillado bastante. Pero el escrito corre prisa y deja muy poco tiempo para leer.

 

¿Qué tan lejos se remonta su colección?

Hasta Platón y los presocráticos, naturalmente, ¿qué más si no? Quizá aún tengo ahí [libros] de Grimmelshausen y de Walther von der Vogelweide. Debo echar un ojo. Muc Algo de lo que alguna vez estuvo ahí, luego de varias mudanzas, ya no se puede volver a encontrar.

 

¿Qué libros tienen un lugar especial en su corazón?

En cada caso, [es] el libro, del que aprendo algo y con el que el propio trabajo recibe un impulso (así fue con el libro de Brandom Making it Explicit, los rayones con lapicero lo demuestran). Pero si me está preguntando sobre literatura y no quiere oír mis experiencias de adolescente con lecturas educativas clásicas: en cierto sentido, hubo de dos hasta tres décadas literarias de actualidad en mi vida. Si queremos quedarnos con autores germanoparlantes, cada pieza de Brecht que fue representada en el teatro, cada nueva novela o historia de Peter Weiss o Max Frisch, de Koeppen, Grass, Jurek Becker, Thomas Bernhard o Alexander Kluge. Al principio también Martin Walser nos ha causado excitación; también me acuerdo en este contexto de la obra Las tiendas de canela fina del escritor polaco Bruno Schulz. Ahí vibró el clima intelectual, uno podía exaltarse con las reseñas equivocadas. El último de estos libros (sobre el que yo desde hace décadas quiero escribir algo) es el de Max Frisch, El hombre aparece en el holoceno. Pero, con la carente contemporaneidad de los autores, palidecen las impresiones que las lecturas dejan tras de mí y los críticos lo dejan a uno frío. Faltan las tensiones en el ámbito literario, o al menos ya no se reconocen más. Yo leo menos, sea como sea, regularmente menos.

 

¿Qué libro ha cambiado su vida?

Boecio, De consolatione philosophiae [“La consolación de la filosofía”] – leí ese libro durante mis estudios, cuando creí necesitarlo. Desde ese momento, sé que la filosofía no puede consolar.

 

¿Cuál ha sido el último libro que ha regalado?

Tres historias de Gustave Flaubert y Arno Geiger, publicadas en una nueva traducción por la editorial alemana Hanser bajo el nombre de Unter der Drachenwand.

 

¿Quién debe recibir sus libros alguna vez?

¿Quién quiere todavía tener libros?

 

¿Cómo se vería su biblioteca ideal?

Como la que ya tengo. Debería mejor preguntarme cómo debería verse mi casa para que no agobien tanto mis libros, incluso los varios sin leer, que, por ahora, están amontonados en el piso y en los bordes de las ventanas.

 

Fuente original: http://www.logbuch-suhrkamp.de/juergen-habermas/durch-die-bibliothek-habermas/

Créditos de la imagen: http://www.frontera.info/

(Traducido del alemán por Juan Francisco Osores Pinillos)

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