El papa y los basurales

Por Enrique Sotomayor

La visita del papa Francisco al Perú tuvo al país paralizado durante cuatro días. No solamente los creyentes y los canales de televisión esperaron con ansias la llegada del líder espiritual del catolicismo (papa Francisco, ¿ya probó el ceviche?, papa Francisco, ¿qué opina del pisco sour?, “la gente se ha volcado a verlo, incluso ha llegado a decirle cariñosamente ‘Panchito no te vayas’. ¿Qué se lleva del viaje el Santo Padre?, ¿qué se lleva, del viaje al Perú?”), sino que nuestros políticos aprovecharon la ola papal (si tomamos en cuenta los números de asistentes a las misas en Trujillo y Lima, realmente un tsunami) para capear las tumultuosas corrientes que se acumulaban desde fines del 2017. Para Pedro Pablo Kuczynski la visita no sólo representó una buena oportunidad de conversar con un coetáneo miembro de la generación silenciosa, sino que además su presencia parasitaria en cada evento, misa y conversatorio del papa evidenciaba que además de poco atareado con las labores propias de un presidente, para nuestro olvidadizo jefe de Estado la adyacencia al pontífice representaba una buena oportunidad para lavarse la cara frente a los peruanos. Con una aprobación en franco descenso y que bordea el 19%, un baño popular era un imperativo para la supervivencia del gobierno. Como decían por ahí “a los peruanos engañando y con el papa comulgando”. Esa era la consigna de PPK para mantenerse con vida. Y es que, si por él fuera, probablemente habría sacado de su plácida guarida al enfermizo, pero no por ello menos influencer Alberto, y lo habría llevado frente a Panchito, porque si el indulto no borra los pecados, una persignada papal tal vez sí. Y ya si ni eso funcionaba, quién sabe si un viajecito a la bella Italia borraba el pecado concebido, como bien debe saber Figari, a quien se aplica una de esas frases clichés propias de quiebres amorosos: sólo el tiempo y la distancia curan las heridas.

En todo caso, la presencia de la blanca sotana en los arenales y selva peruana sirvió también para practicar esa costumbre tan peruana que Ricardo Palma le dedicó un par de tradiciones: barrer el polvo debajo de los muebles. La avenida Brasil fue remodelada y pintada en un plazo envidiable, se diseñaron rutas que permitían mostrar un país ficticio, construido de globos amarillos, respeto y eficiencia en la gestión. Por supuesto que el alumbrado público funcionó de mil maravillas en las inmediaciones de la Nunciatura Apostólica y durante un par de noches Lima durmió con una placidez divina. Los creyentes sonreían y lloraban de felicidad por la bendición papal y diez minutos después insultaban desaforadamente a una pareja homosexual que se tomaba de la mano cerca de la plaza San José (al parecer, la Sodoma y Gomorra chola), en Jesús María. Es interesante notar que durante esos mismos días se comenzaba a cocinar una crisis sanitaria grave que hasta hoy no tiene solución. Hoy (29 de enero) se cumplen 12 días desde que el Minsa declaró en alerta sanitaria a Villa María del Triunfo, distrito por el que por supuesto no pasó el corso papal, pero que aún con ello concentra una población de aproximadamente 450,000 habitantes. Tomada individualmente, Villa María del Triunfo tiene más habitantes que Cusco y más o menos la mitad de ciudadanos que Arequipa. El alcalde había sido detenido por pertenecer a una banda criminal en diciembre –otra de esas experiencias que todo buen Fujilover debe practicar al llegar al poder– y desde entonces el distrito fue abandonado a los implacables y calurosas designios divinos (sospecho que las siete plagas de Egipto pululan en los basurales aledaños a casas, colegios y mercados). En todo caso, ni un atisbo de la envidiable eficiencia con la que esparcimos pétalos de flores en la ruta del sumo pontífice. Se dice que la razón del no recojo de basura consiste en que existe una deuda de 400 mil soles por parte de la municipalidad a la empresa encargada del recojo de desperdicios. 400 mil soles de deuda a una empresa de recojo de basura y un costo de 11.5 millones de dólares por la visita de Francisco. A un ingenioso villamariano de facciones apacibles y acento gaucho se le ocurrió la idea de vestirse de blanco y predicar en un mototaxi, tal vez de esta manera engañaría a las autoridades, porque tal parece que en este laico e ilustrado país sólo los papas mueven montañas de eficiencia. Ya saben lo que dicen, la fe mueve montañas, ¡Amén hermanos!

Imagen: Francisco y el humo (tomada de: http://www.gruporadialcentro.com.ar/)

 

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