Hegel y Marx: De la plebe al proletariado. Algunas notas sobre la praxis revolucionaria más allá de la clase trabajadora*

Por Gianfranco Casuso

Según Hegel, la libertad no se puede reducir a su forma individual ni opera solo por medio de una razón moral subjetiva, sino que se realiza en virtud del reconocimiento recíproco de los individuos en el marco de instituciones y prácticas racionales que fomentan su autorrealización; es decir, mediante su inclusión en una eticidad (Sittlichkeit) racional (Hegel 1986: §§142-157). Partiendo de una base hegeliana, Marx se refiere en Sobre la cuestión judía a las formas de inclusión e integración que un Estado político debe garantizar. Contra Bauer, Marx afirma ahí que los judíos no tienen que renunciar a su religión para emanciparse políticamente y tener así la posibilidad de tal participación inclusiva. Ese habría sido precisamente ya el fin de la revolución política burguesa: relegar la religión –como todo otro conjunto de creencias y prácticas comunitarias– al ámbito privado, neutralizando con ello la diferencia y garantizando únicamente una igualdad política abstracta gracias a un Derecho formal al servicio del egoísmo constitutivo de la sociedad civil (Marx 1972a: 367-370). Pero esto, dice Marx, es insuficiente para una auténtica emancipación[1]. El problema radica, pues, en un Derecho cortado a la medida de individuos desvinculados, de un “sujeto jurídico” ficticio que distorsiona la idea de individuo real (Gattungswesen) (ibid: 356-357, 370). Como en Hegel, se requiere una noción más amplia, social, de libertad (Neuhouser 2000), ya que la emancipación humana solo es posible en virtud de la inclusión de los seres humanos en instituciones y prácticas sociales que fomenten diversos tipos de relaciones intersubjetivas igualmente necesarias para su autorrealización plena (Marx 1972a: 370).

En su Sobre la crítica de la Filosofía del derecho de Hegel, Marx pareciera complementar esta perspectiva con el desarrollo de categorías de exclusión y emancipación ligadas a la figura del proletariado (Proletariat) –y a sus raíces en la plebe (Pöbel) hegeliana–, que trascienden la crítica al Derecho abstracto. Para Hegel, al surgimiento de la Pöbel va asociada la indignación e insurrección (Empörung) en contra de la sociedad (Hegel 1986: §244Z). Ella sabe que su condición de absoluta privación se basa en los principios de la sociedad civil moderna, la cual es entendida como un espacio de competencia donde las leyes protegen el atomismo, reproducen las desigualdades y reducen el complejo ámbito de las relaciones humanas a la satisfacción de intereses privados, pero no representan un espacio de confluencia de las voluntades libres (Casuso 2017a). La privación material por sí misma no produce la Pöbel, sino el sentimiento de no poder garantizar su subsistencia ni participar de sus ventajas con sus propios medios (Hegel 1986: §245)[2]. Ellos saben que su situación depende de una estructura social que obstaculiza el cumplimiento de sus propios ideales de libertad y emancipación universal, los cuales quedan solo como una posibilidad irrealizable (ibid: §§230, 237). La Pöbel percibe esta injusta contradicción y ello genera indignación (ibid: §244Z). Ellos son los excluidos: quienes acatan las normas de la sociedad sin obtener beneficio de ello ni poder reconocerse como sus coautores. Así, a diferencia de la explotación (Ausbeutung) a la que es sometido el trabajador asalariado, el excluido no es funcional a la sociedad. Del mismo modo, con la exclusión no se trata propiamente de una relación, sino de una “no relación” en la que no existe una intencionalidad por parte de un otro, de un agente identificable que resulta beneficiado. El agente de la exclusión es, pues, la sociedad en su conjunto o, mejor dicho, los procesos de constitución de una sociedad cortada a la medida de individuos abstractos y egoístas. La exclusión, de este modo, no debe entenderse únicamente como la imposibilidad de participar de las ventajas de una sociedad ya constituida, sino, principalmente, como lo negativo del poder constituyente de lo social (Casuso 2017b). De aquí se desprende una forma fundamental (u ontológica) de exclusión que Marx analiza en relación al modo específico de “estar excluido” en la sociedad moderna: al Proletariat[3]. Esta categoría tiene similares características a la Pöbel hegeliana (Marx 1972b: 390-391). Como en Hegel, no se refiere únicamente a la pobreza, sino que lleva aparejado el sentimiento de indignación contra una sociedad en la que los proletarios no encuentran un lugar propio, ni siquiera como trabajadores explotados por una parte de la sociedad fácilmente identificable. Hegel recomendaba para ello la generación de espacios alternativos de cooperación que combatan directamente las causas (Hegel 1986: §253). Las corporaciones (Korporationen), así, pueden tomarse como un modelo de asociación que permite la reestructuración social modificando normativamente los modos de relación humana y combatiendo la desintegración, el atomismo y el egoísmo propios de una sociedad mercantil (Casuso 2017a). En ese sentido, estas representan el momento ético en la sociedad civil, su verdad (Hegel 1986: §256). Como se vio, el Proletariat de Marx no es simple ni directamente la clase trabajadora, es decir, una clase entre otras, sino más bien una “clase de la sociedad civil, que no es ninguna clase de la sociedad civil”. (Marx 1972b: 390). Es, pues, una “parte sin parte” (Rancière 2004). En ese sentido, la resolución del problema ocasionado por la aparición del proletariado implica necesariamente la solución del problema del orden social en términos de emancipación (ibid). Ya que para ello se necesita “una esfera que tiene un carácter universal en virtud de su universal sufrimiento” (ibid), el Proletariat, al trascender lo particular, al no ser una parte más de la sociedad, está en condiciones de propiciar una transformación estructural que afectará universalmente a toda la sociedad y estará orientada a una mejor realización de la libertad social. En ese sentido, como afirma Marx en Sobre la cuestión judía, una revolución política no es suficiente, porque ella implica simplemente reemplazar una parte por otra en una lucha liberal por el poder (Marx 1972a: 368).

Como categoría ontológica negativa, la exclusión denota a aquellos que no toman parte en la constitución de un mundo a cuyas reglas están sometidos. Pero esta condición conlleva un potencial crítico y reconfigurador de lo social, mediante la exploración de posibilidades no realizadas desde sus experiencias “universales de sufrimiento”. Precisamente en virtud de esta universalidad pueden ser comunicadas y trascender el interés particular. Eso, además, confiere a los excluidos –de manera similar a como operan los movimientos sociales en la actualidad[4]– un privilegio epistémico que les permite percibir primero ciertos malos funcionamientos, revelar contradicciones sociales y contribuir a su superación. Algo que la más limitada categoría de explotación –y la de clase trabajadora que le corresponde– no logra explicar con la misma claridad.

BIBLIOGRAFÍA

Anderson, Elizabeth, “The Social Epistemology of Morality: Learning from the Forgotten History of the Abolition of Slavery”, en: Brady, Michael y Miranda Fricker (eds.), The Epistemic Life of Groups: Essays in the Epistemology of Collectives, Oxford: 2016, pp. 75-94.

Buchanan, Allen, Marx and Justice: The Radical Critique of Liberalism, London: 1982.

Casuso, Gianfranco, “Kooperation und Exklusion. Zur Aktualität von Hegels Korporationsbegriff”, en: Ellmers, Sven y Steffen Herrmann (eds.), Korporation und Sittlichkeit. Zur Aktualität von Hegels Theorie der bürgerlichen Gesellschaft, Paderborn: 2017a, pp. 141-155.

Casuso, Gianfranco, “Power and Dissonance: Exclusion as a Key Category for a Critical Social Analysis”, en: Constellations. An International Journal of Critical and Democratic Theory, 24 (4), 2017b, pp. 608-622.

Fricker, Miranda, Epistemic Injustice: Power and the Ethics of Knowing, Oxford: 2007.

Hardimon, Michael, Hegel’s Social Philosophy: The Project of Reconciliation, Cambridge: 1994.

Hegel, G.W.F. Vorlesungen über Naturrecht und Staatswissenschaft (Wannenman Nachschrift 1817/18), Hamburg: 1983.

Hegel. G.W.F. “Grundlinien der Philosophie des Rechts oder Naturrecht und Staatswissenschaft im Grundrisse”, en: Werke, vol. 7, Frankfurt/M: 1986.

Jaeggi, Rahel, “Was (wenn überhaupt etwas) ist falsch am Kapitalismus? Drei Wege der Kapitalismus Kritik”, en: Jaeggi, Rahel y Daniel Loick (eds.), Nach Marx, Berlin: 2013.

Marx, Karl, “Zur Judenfrage”, en: Marx-Engels-Werke, vol. 1, Berlin: 1972a.

Marx, Karl, “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie, en: Marx-Engels-Werke, vol. 1, Berlin: 1972b.

Medina, José, The Epistemology of Resistance: Gender and Racial Oppression, Epistemic Injustice, and Resistant Imaginations, Oxford: 2013.

Neuhouser, Frederick, Foundations of Hegel’s Social Theory: Actualizing Freedom, Cambridge, Mass: 2000.

Rancière, Jacques, Disagreement: Politics and Philosophy, Minnesota: 2004.

Wood, Allen, Karl Marx, London: 1981.

NOTAS

*Este trabajo será publicado próximamente en inglés en un volumen especial dedicado a Marx de Krisis. Journal for Contemporary Philosophy, titulado Marx from the margins.

[1] “La emancipación política, si bien es un gran avance, no representa en absoluto la última forma de emancipación humana”(…)” (Marx 1972a: 356).

[2] Esta privación que padecen los excluidos, como afirma Hegel, se da en muchas dimensiones. “A ellos les es imposible mantener sus derechos por medio de la justicia formal (…) debido a los costes ligados a la administración de justicia. Ellos tienen también una gran desventaja en lo referente a la religión, así como a la salud y a la educación” (Hegel 1983: 118).

[3] “Cuando el proletariado declara la disolución del orden mundial existente, únicamente está declarando el secreto de su propia existencia, porque esta es, en efecto, la disolución de este orden. Cuando exige la negación de la propiedad privada, solo establece como principio para la sociedad lo que la sociedad ha establecido como un principio para el proletariado, lo que ya se ha incorporado en sí mismo sin su consentimiento como el resultado negativo de la sociedad” (Marx 1972b: 391).

[4] Sobre el rol epistémico de los movimientos sociales en la actualidad: Fricker (2007), Medina (2013) y Anderson (2016).

Créditos de la imagen: Benjamin Briskin

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s