Economía espacial en el lenguaje teatral. A propósito de Savia y Casa de Perros

Por Tania Herrera

Recientemente se estrenaron en Lima dos obras de teatro, Savia y Casa de Perros (CdP)[1]. La representación de ambas se llevó a cabo en el distrito de Miraflores. CdP se desarrolla en un centro cultural (ICPNA); Savia en un centro comercial (Teatro La Plaza, en Larcomar). La localización se explica por la centralidad de los lugares de difusión del arte, galerías, teatros y museos, la mayoría ubicados en los distritos de Lima Moderna (San Isidro, Miraflores, Barranco, Magdalena del Mar, entre los principales). No faltará quien argumente sobre el carácter elitista de estos lugares de difusión del arte, tanto por su emplazamiento (en distritos donde el precio de la vivienda es el más costoso de la ciudad) distante de los distritos periféricos, como por el elevado costo de las entradas. En fin, una discusión que mantiene vigencia, pese a la multiplicación de experiencias artísticas que crean centralidades en otros distritos de Lima.

Un tema común a las dos obras es que están contextualizadas en 1968 (Savia) y 1970 (CdP), en pleno gobierno de Juan Velasco Alvarado. Mientras que CdP estuvo ambientada en una ex hacienda costeña de Lambayeque, específicamente en el distrito de Oyotún, Savia trata sobre los crímenes perpetrados en la época del caucho, en Loreto, aunque el principal escenario ambientado no fue algún lugar de la Amazonía, sino una habitación perdida en algún distrito limeño. Desde aquí se despliegan los desvaríos de Jesús, hijo de cauchero y él mismo ex cauchero que, durante el siglo XX, explota y asesina a los trabajadores y a personas sometidas a la extracción de caucho, entre ellos a tres mujeres murui-muinani[2], a las que mandó decapitar. Enfermo de uta, Jesús evoca recuerdos y los selecciona a su antojo. Hay culpa, también cinismo.

La idea que ronda esta obra es que las tres mujeres decapitadas regresan en busca de sus cabezas, las que se encuentran encerradas en el vientre de Jesús. Como dice Enrique Planas, se trataría entonces de “(…) darle a beber [al asesino] un purgante que les permita a ellas recobrar sus cabezas, sus identidades perdidas”[3]. En palabras de la directora, “[c]uando no hay purga, no hay cura. Cuando no hay sanción, autocrítica ni reflexión, no hay cura[4]. En Savia se insiste en la idea de la identidad perdida, como si un estado de alienación fuera propio de la víctima, aquella persona que ha sido violada, asesinada, oprimida[5]. Hay mucha confianza en el sujeto y en la subjetividad. Se trataría de indicar la responsabilidad individual antes que las causas políticas-estructurales. Savia no señala a personajes puntuales, a responsables políticos. Antes, encarna los crímenes en un individuo que actúa con complicidad de otros. Coincido con E. Planas en que “[s]e trata de una crítica al abuso de los empresarios caucheros peruanos a inicios del siglo XX, pero también de todo un Perú oficial que respaldó tal empresa extractiva[6]. Sin embargo, aunque la obra no pone en duda que el genocidio se hizo con complicidad del Estado, no es clara la denuncia a las estructuras que sostenían todo este armazón. De ahí que las mujeres tuvieran que, en una triple empresa individual, buscar que el responsable recuerde sus crímenes y, de este modo, ellas puedan recuperar parte de sí. Ante la inoperatividad y complicidad del Estado con los opresores, las respuestas individuales parecen ser más eficaces. En declaraciones a El Comercio, Luis Alberto León precisa que “[e]n la obra hablo de la ansiedad, del miedo como generador de los deseos desbordados. Más allá de hablar del pasado, del empresariado o de una mentalidad capitalista, siento que en esta obra estamos hablando del ahora[7]. Se evita una crítica estructural de la violencia y se apela a la consciencia individual, al auto-reconocimiento de los crímenes; se dibuja un pozo entre estas dos dimensiones.

La exploración de la subjetividad también está presente en la construcción de los personajes. Antes que partir de una base espacial que brinde conocimiento de la realidad material, se apuesta por una auto-exploración de emociones. El escritor de la obra leyó sobre el genocidio por el caucho e hizo, junto con algunos actores, una sesión de ayahuasca para conectarse con la Amazonía. Esto fue en una sala de ensayo en el distrito litoral de Barranco, en Lima[8]. El ejercicio habría servido a las actrices para descubrir miedos y, desde esta experiencia, vale decir, desde este viaje, se exploró y se construyó a los personajes de las mujeres murui-muinani.

En Savia hay un monopolio temporal del espacio cerrado. Ciertamente, no tenemos que estar físicamente en un contexto espacial para evocar de él recuerdos situados, pero evocar de él su materialidad es imprescindible para traer a colación el contexto histórico, siempre abierto. Se trata de una obra que no se lee sola. Como recurso pedagógico, ayuda a complementar algo que debe contarse en sus múltiples dimensiones materiales.

La economía en la representación espacial (número y complejidad de ambientes recreados, número de actores) se corresponde con la economía en la representación histórica, bien lograda, a mi parecer, en Casa de Perros. Esta obra evoca lugares y recuerdos, como el de los fieles perros que, a la espera de su amo, ausente por enfermedad, aprendieron a sobrevivir, a cazar en la montaña. La obra nos pasea por la hostil geografía peruana, Lima y sus arenales invadidos, los campos de cultivo en los valles del desierto costero y el fuerte trabajo que requieren. La recreación de estos múltiples espacios, sumada al excelente manejo temporal, logra expresar la materialidad del contexto histórico. También nos muestra un espacio deshumanizado, injusto y cruel, producto y productor de violencia, donde algunas formas de vida se resisten a los cambios en la economía-política, porque “en el fondo, todos llevamos un gamonal dentro[9]. Sacarlo implica un trabajo subjetivo, naturalmente, imposible sin un proceso cultural dinámico que acompañe transformaciones estructurales.

Créditos de la imágen: https://victorvich.lamula.pe/2017/10/08/casa-de-perros-la-microfisica-del-poder/victorvich/

[1] Savia es una obra escrita por Luis Alberto León y dirigida por Chela De Ferrari. Casa de Perros fue escrita por Juan Osorio y dirigida por Jorge Villanueva.

[2] http://bdpi.cultura.gob.pe/pueblo/murui-muinani

[3] https://elcomercio.pe/luces/teatro/savia-victimas-invisibles-dejo-boom-caucho-peru-noticia-464952

[4] Op.cit.

[5] Vale decir que, a diferencia de Savia, en CdP, las aparecidas (mujeres que fueron encerradas y quemadas vivas por voluntad del patrón y sus cómplices) acompañan. No se aprecia la intranquilidad o falta de identidad en ellas, pues existen en tanto son recordadas.

[6] El Comercio, Op.cit.

[7] http://www.larcomar.com/blog/lifestyle/savia-la-obra-que-cierra-el-2017-del-teatro-la-plaza-peru/

[8] http://larepublica.pe/domingo/1134407-savia-el-horror-del-caucho

[9] Frase que uno de los actores menciona en la obra.

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