¿Debe el Perú pensar en escenarios de ciencia ficción? El problema del empleo y la automatización*

Por Stephan Gruber

Los últimos dos o tres años las discusiones sobre los grandes desafíos de la época han girado alrededor de la  “La cuarta revolución industrial”. Con este término se quiere nombrar a un cambio de fase en la economía mundial debido a la extrema automatización del trabajo vía desarrollos en el campo de la inteligencia artificial, principalmente. Lo que hace poco era ocupación de escritores de ciencia ficción, emprendedores visionarios o filósofos, ha ido en los últimos meses ganando más presencia mediática y académica. Y esto no es un error, ya que la posible automatización de un 47% de los trabajos existentes en un futuro cercano  –según una investigación de la Universidad de Oxford para Estados Unidos– plantea una serie de cuestiones que llaman a revisar la arquitectura social, económica e institucional en la que descansan nuestros países.

El mayor problema que esta revolución parece conllevar es el aumento de una población que no tiene trabajo y que no lo tendrá. Esto significa que el cambio producido por la automatización será tan profundo que, a diferencia de las revoluciones tecnológicas previas, la creación de nuevos tipos de trabajo no será suficiente para que este bolsón de población cuyos trabajos desaparecieron pueda reinsertarse. Este efecto de la automatización, además se alinea con otra tendencia reciente, la convivencia de crecimiento económico sin recuperación de empleo, lo que lleva a acrecentar la polarización entre un sector de la población con empleos altamente remunerados y otro sector con un empleo precario o desempleo permanente. Las respuestas que se están dando ante este panorama van desde un prudente reformismo que incremente la inversión en educación e innovación empresarial para crear estos nuevos trabajos que faltarán, hasta otras alternativas más utópicas que imaginan un futuro sin la necesidad de depender de un trabajo para tener un ingreso (por ejemplo, promoviendo un ingreso básico universal).

A pesar de la importancia que está ganando esta discusión en un escenario global, es notorio cómo no es algo que siquiera sea considerado a nivel de políticas públicas o discurso político en nuestro país. Algo que es un gran error, porque como lo señalan la mayoría de estudios al respecto, los más afectados por estos cambios por venir serán los países en desarrollo. Dentro de estos, el impacto será mayor sobre todo entre aquellos que se vieron beneficiados por las políticas de tercerización (outsourcing) de trabajos poco calificados (China, India), ya que estos trabajos regresarán automatizados a los países desarrollados. En este probable contexto, considero que el Perú se enfrenta a esta situación adversa con un problema adicional: un sistema de educación muy poco preparado para ajustarse a estos cambios.

Además de las dificultades que pasa la educación escolar con profesores muy mal pagados y la falta de consenso sobre el programa y tipo de educación que se quiere para el país, el gran problema está en la proliferación indiscriminada de universidades que anteponen el lucro a la educación. Quedando por ver los efectos de la ley universitaria en la calidad educativa –en el caso que esta sobreviva estos años–, indicadores de preferencias de contratación de las empresas para los egresados de estas universidades son alarmantes, algo que aumentaría con los cambios de la economía futura. Posiblemente las promesas que estas universidades han hecho a miles de jóvenes peruanos no podrán ser cumplidas cuando la economía peruana deje de crecer y los efectos de la automatización mundial se empiecen a sentir.

A principios del siglo XX, cuando una crisis económica azotaba el país, la población cuyos trabajos eran eliminados solía regresar de la ciudad al campo que les brindaba los medios necesarios para subsistir. Las crisis de finales de siglo ya no daban esta salida a la población que más bien tuvo que crear sus medios de subsistencia a través de una economía informal de servicios poco calificados. Lo que el fenómeno de la automatización parece mostrar es que en una crisis futura ya no contaremos con esos tipos de trabajos para sobrevivir, y esto nos enfrenta a un dilema mucho mayor. Estaríamos frente a una gran población que tendría que inventarse medios de subsistencia en un mundo en que es cada vez más difícil inventar una ocupación. Pasaríamos de preguntarnos cómo aumentar la productividad y acabar con la informalidad, a reconocer que dicha brecha aumentará inevitablemente. La falta de previsión sobre ese horizonte por parte de los políticos solo agravará sus consecuencias.

 

* Esta es una actualización de una pieza publicada en el desaparecido portal esahora.pe el 26 de febrero del 2016.

Créditos de la imagen: William Bell Scott, Iron and Coal.

 

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