Los tres tiempos de la leche

Por Mijail Mitrovic

A inicios de los ochenta, el colectivo E.P.S. Huayco[1] produjo un conjunto de obras cuya base principal fueron miles de latas de Leche Gloria que, una vez pintadas, componían imágenes icónicas del mundo popular urbano. La primera pieza fue un salchipapas –una opción alimentaria nueva y aún poco estilizada, consumida principalmente por trabajadores urbanos-, emplazada dentro de la galería Fórum en Miraflores; la segunda componía un enorme retrato de Sarita Colonia –una santa no reconocida por la Iglesia Católica, patrona de conductores de bus, taxistas y delincuentes-. A diferencia de la primera, la Sarita fue ensamblada en el desierto al sur de Lima, siguiendo de forma inversa la ruta de la migración –al decir de múltiples intérpretes-. Ambas piezas fueron realizadas a lo largo del año 1980.

Los artistas compraron las latas a recolectores que encontraban en la basura de la ciudad la vía para su subsistencia, precisamente en un tiempo en que la pauperización de la vida empezaba a adoptar formas cada vez más dramáticas en la capital. Para algunos, el auge del sector informal significaba un evidente desborde popular –siguiendo la conocida tesis de José Matos Mar– que podría ser canalizado hacia una revolución socialista; para otros, como Hernando De Soto y el Instituto Libertad y Democracia (ILD), la generalización de un modelo de autoconstrucción popular –ambulantes, vivienda, transportes, pero también reciclaje de deshechos– significaba que el país se preparaba para su gran salto histórico: la revolución capitalista, tal como había ocurrido en Londres poco antes de la revolución industrial.

E.P.S. Huayco se posicionó en la primera perspectiva política y desde allí produjeron obras que condensaron las esperanzas de la llamada Nueva Izquierda por un socialismo de corte popular que, sin embargo, se mostró incapaz de imponerse en una década donde la lucha política no solo se jugaba entre los partidos tradicionales –el APRA, Acción Popular– y la propia Izquierda Unida, sino contra dos actores que radicalizaron sus propuestas: por un lado, la guerra de Sendero Luminoso, y por otro, el “otro sendero” neoliberal –primero representado por Vargas Llosa, luego por Fujimori– que esperaría a los noventa para implementar sus reformas estructurales.

Pero volvamos al inicio: ambas piezas de Huayco encontraron en las latas de Gloria no solo una base material idónea para construir imágenes que pusieron en juego el puntillismo del arte pop, sino también un signo de la dependencia económica a la que el Perú permanecía atado. Como lo muestra un documental de Francisco Mariotti y Lorenzo Bianda editado en 1981[2], para Huayco las latas funcionaban como representantes de una problemática nacional mayor, a saber, que la leche consumida en el país dependía principalmente de la importación de insumos del extranjero. Hacia mediados de los setenta, la agroindustria multinacional de lácteos ya dominaba el mercado nacional, y había introducido productos como la leche evaporada que reemplazaban la producción agraria local. Apoyados en trabajos del economista Manuel Lajo, Huayco dirá que el precio de la leche permite comprender en qué medida el Perú está sometido a multinacionales como Nestlé y Carnation.

La economía política de la leche fue complementada con una dimensión poética que no se agotó en las opciones iconográficas asumidas por Huayco –que han sido el centro del comentario historiográfico y curatorial–. Juan Javier Salazar sostuvo hace unos años: “[En esa época] yo repetía una frase que era una traducción muy criolla de una tesis de Lenin, que dice: la cantidad, en sí, es una cualidad. Su expresión criolla era: serán latas, pero son un huevo. Y con esas latas creamos una imagen poderosa porque cada lata era como una batería vacía, que había transferido energía a un niño, por ejemplo. Y eran doce mil.”[3]

“[En esa época] yo repetía una frase que era una traducción muy criolla de una tesis de Lenin, que dice: la cantidad, en sí, es una cualidad. Su expresión criolla era: serán latas, pero son un huevo. Y con esas latas creamos una imagen poderosa porque cada lata era como una batería vacía, que había transferido energía a un niño, por ejemplo. Y eran doce mil.”

Para Huayco, las latas recicladas aparecen al mismo tiempo como símbolos de la dependencia económica y como índices de la energía que mantenía vivo al pueblo: la basura como posibilidad de trabajo; la leche como el sustento que regenera el cuerpo trabajador. Ese círculo dialéctico también permite comprender la elección del salchipapas como imagen de la cultura popular urbana, e informa precisamente de la medida en que Huayco estuvo afincado, para bien o para mal, en la interpretación de la realidad social peruana sostenida por la izquierda.[3]

La experiencia colectiva de Huayco empezó poco antes del inicio de la guerra senderista y no alcanzó a procesar la reconfiguración de la escena política que ésta traería consigo. Junto a la guerra, la crisis económica de fines de década redirigiría la necesidad del país hacia opciones políticas que solucionen la precariedad de la vida y acaben con Sendero. Las elecciones del noventa pusieron a Fujimori sobre Vargas Llosa y con él se estableció un nuevo rumbo para el país. Dos años después, proclamaba el autogolpe que establecería un cambio de época en el Perú contemporáneo.

Como estrategia antisubversiva el gobierno apostó por el desarrollo de una guerra de baja intensidad contra Sendero que tuvo como principal característica el asesinato clandestino de sus miembros. Sin embargo, la estrategia instaló una perversa lógica según la cual la muerte de un senderista entre más de diez personas inocentes justificaba el baño de sangre. Los casos emblemáticos –donde, por cierto, ningún senderista perdió la vida- fueron Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), perpetrados por el Grupo Colina. Ya para 1993 estos casos habían alcanzado notoriedad pública y eran rechazados por la oposición en el congreso.

Ante las contundentes pruebas contra las fuerzas del orden, en 1995 el gobierno promulgó la Ley de Amnistía que beneficiaba “…a los militares, policías y civiles que se encuentren denunciados, investigados, encausados, procesados o condenados por hechos derivados u originados con ocasión o como consecuencia de la lucha contra el terrorismo desde mayo de 1980.” (Artículo 1 de la Ley No. 26479)[4] Contra ese telón de fondo encontramos un segundo momento para la leche: una vez exhumados los cuerpos calcinados de los estudiantes y el profesor de La Cantuta, el Estado Peruano los empacó en cajas de Leche Gloria para enviarlos a sus respectivos familiares.

Desde 1993 el artista Eduardo Villanes había trabajado proyectos ligados al caso Cantuta a partir de ese empaque indigno, bajo la hipótesis de la existencia de una industria de la evaporación de personas.[5] La exhibición “Gloria Evaporada” (Escuela de Arte de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM) inauguró en octubre de 1994. Meses después, ya bajo el contexto de la promulgación de la Ley de Amnistía, Villanes realizó una significativa intervención en la Vía Expresa: escribió EVAPORADOS con pedazos de cartón de Leche Gloria cortados en forma de manos abiertas, en una pared a la altura del Estadio Nacional. Tiempo después se organizó una Marcha Contra la Impunidad, a la que Villanes contribuyó con un llamado a que los manifestantes lleven consigo cajas de Gloria a la protesta. Estas fueron intervenidas con dos gestos: se horadaron dos huecos para los ojos y la palabra Gloria fue tachada y reemplazada por GENTE EVAPORADA. La manifestación terminó en un enfrentamiento con la Policía en la Plaza Bolívar. Una década después de la ligazón que Huayco encontró entre la leche y la dependencia económica, la Leche Gloria aparece como un signo de las violaciones a los derechos humanos, la impunidad y el carácter inhumano del gobierno fujimorista.

Ahora bien, hace unos meses la leche entró en un nuevo escenario de polémica. En junio la Autoridad Panameña de Seguridad de Alimentos (AUPSA) determinó que la leche evaporada Pura Vida Nutrimax –producida por el Grupo Gloria– no es realmente leche de vaca. Como sostuvo un representante de la empresa, la etiqueta pasaría a anunciar al producto como un “alimento evaporado” y se eliminarían todas las referencias a la generosa mamífera. Sin embargo, la sanción a Gloria ha sido revertida y el producto sigue produciéndose a gran escala, pues se trata de una opción de bajo costo que está al alcance de los bolsillos populares.

La propia web del Grupo Gloria ha reseñado detalladamente todos los pasos de la polémica y su resolución legal en la pestaña de preguntas frecuentes: ¿Pura Vida es o no es leche? ¿por qué los sancionaron en Panamá? ¿la carragenina es apta para el consumo humano? ¿por qué INDECOPI y DIGESA los multaron?, etc. Sin embargo, una vez despejadas las dudas introdujeron un par de preguntas más, ajenas al debate anteriormente mencionado: ¿por qué importan leche en polvo?, ¿la leche en polvo es igual de nutritiva que la leche fresca? y ¿qué pasaría si se prohibiera el uso de la leche en polvo?. La respuesta de la empresa es la siguiente: existe un déficit de 30% entre la cantidad de leche fresca que produce la industria nacional y la cantidad que consume la población. De no importar millones de toneladas de leche en polvo, los precios subirían y se generaría escasez, además de mucha pérdida de empleos para los ganaderos nacionales que venden su producto al mercado industrial. Así, acaso sin saberlo, al despejar el problema de la autenticidad del producto, la empresa reenvía directamente a los problemas denunciados por Huayco a inicios de los ochenta. Que la producción dependa de insumos importados de Nueva Zelanda y Estados Unidos, sumado al hecho de que Gloria es una de las tres empresas que actualmente concentra el 90% del mercado de productos lácteos en el país –y que informa de un monopolio que regatea los precios a esos ganaderos que dice proteger-, plantea nuevamente la pregunta por la significación actual de la leche. Pero también configura un nuevo momento para la imaginación artística que ha echado mano de ella bajo distintas coyunturas.

Podemos plantear algunas ideas para pensar la actualidad de la leche como material simbólico, tomando en cuenta que las significaciones que adquirió en los ochenta y noventa dependieron fuertemente del contexto en que emergieron. En esa línea, habría que discutir los efectos del caso Pura Vida más allá de la sanción y su enmienda, a partir de la cuantiosa tinta chorreada por los opinólogos neoliberales que defienden nuestro supuesto derecho a ser estafados por la libre empresa –el Sublime también ha sido enérgicamente defendido por Alfredo Bullard-. Pero también las cifras presentadas por Gloria invitan a reactivar la discusión sobre el carácter dependiente del capitalismo en el Perú, sobre todo si notamos que esa categoría entró en desuso precisamente cuando la dependencia se instaló en un nuevo nivel –en la Constitución misma- de mano de las reformas neoliberales de la dictadura. Tal vez estemos ante un nuevo contexto que haga de la leche un vehículo para una crítica que, en sus dos momentos previos, buscó totalizar las estructuras económicas y políticas que nos gobiernan.

Notas

[1] Las siglas E.P.S. refieren a “Estética de Proyección Social”, una remezcla de las “Empresas de Propiedad Social”, modelo propuesto por el régimen velasquista para transferir la dirección y propiedad de la empresa a los trabajadores. Huayco es la palabra quechua que designa los deslizamientos de tierra ocasionados por las lluvias en los Andes. Activos entre 1980 y 1981, sus integrantes fueron Francisco Mariotti, Mariela Zevallos, Juan Javier Salazar, María Luy, Herbert Rodríguez, Armando Williams, Charo Noriega, entre otros colaboradores eventuales.

[2] Mariotti y Bianda, “Arte al paso” (1981). Disponible aquí.

[3] En el documental ya mencionado se recoge una crítica de Mirko Lauer que le reclama al colectivo el abandono de esa estrategia dialéctica al optar, meses después de la exhibición en Fórum, por construir la imagen de Sarita Colonia sin reparar en el carácter ambivalente del culto popular.

[4] Ver: http://www.derechos.net/cnddhh/iachr1.htm

[5] Véase su relato en: http://www.eduardovillanes.com/id101.html

Créditos de la imagen: lamula.pe

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