Reinventando el Futuro: Una entrevista con Nick Srnicek

Por Stephan Gruber

El libro Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without Work (2015 Verso) de Nick Srnicek (Kings’ College) y Alex Williams (City University of London) busca construir un proyecto político que permita trazar una alternativa de izquierda y progresista al capitalismo neoliberal dominante. Esta se resume en cuatro demandas: 1) Automatización de todo el trabajo posible; 2) Reducción de la jornada laboral y distribución equitativa del trabajo; 3) La provisión incondicional de una generosa renta básica para todos los ciudadanos; 4) una transformación de la “ética del trabajo”. El futuro que produciría la conjunción de estos elementos no sería post-capitalista propiamente, el mercado y los mecanismos de acumulación aún estaría en su lugar, pero sí sería post-trabajo, generando la posibilidad de un tiempo libre no solo para una realización alternativa, sino para el involucramiento político de una cantidad cada vez mayor de personas que actualmente están sometidas a un esquema de explotación. Asimismo, al levantarse la obligación de trabajar, empleos poco remunerados pero socialmente necesarios como el cuidado de personas ancianas y niños, podrá ser socializado de manera más justa (hoy centrado en mujeres o migrantes o pobres). Más polémicamente, la existencia de un desacople del ingreso del empleo, podrá permitir una automatización más radical de trabajos veniales, manteniendo o aumentado la provisión de servicios y bienes a la sociedad en costos cada vez más bajos.

La propuesta de un futuro sin trabajo no solo surge de un debate sobre cómo debe ser un supuesto comunismo futuro, sino es una respuesta a una serie de tendencias – como la progresiva automatización y el crecimiento económico sin generación de empleos – que están produciendo cada vez más una población con desempleo crónico. Aunque el desempleo genere salarios bajos que las compañías aprovechan, a la vez la población excedente es un creciente problema social. Estas tendencias, señalan Srnicek y Williams, nos aproximan a un momento de crisis fundamental del capitalismo, una crisis en la manera como concebimos el empleo y la producción de valor. Esta crisis, dicen los autores, si las correlaciones políticas continúan como hasta el momento puede desbarrancar hacia un futuro de empleo precario, xenofobia y nuevos colonialismos, donde los frutos de la automatización serán disfrutados por unos pocos en Occidente. La izquierda debe estar preparada para esta crisis, navegarla y dirigir estas tendencias hacia un futuro post-trabajo que impida que se consoliden sus características reaccionarias y más bien permita una mejor distribución del excedente económico.

Entrevistamos aquí a Nick Srnicek para explorar detalles de su proyecto, la publicamos además ad portas de la publicación en físico de la traducción al español por parte de la editorial Malpaso de Madrid este octubre (además ha sido traducido al francés, alemán, italiano, coreano, polaco, y turco). La entrevista se realizó en febrero del 2016 en Londres, pero ha sido actualizada y revisada con el autor posteriormente. Agradezco a Daniel Luna por la ayuda en armar la entrevista original y a Sebastian León por labores de traducción y edición de esta.

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Stephan Gruber: Me gustaría empezar con la siguiente pregunta directa, nos presentas un proyecto emancipatorio, ¿pero quién financia esta emancipación? Steven Shaviro comentaba en el foro El Desorden de las Cosas que la particularidad del neoliberalismo como política es que tenía acceso a dinero y a canales de movilización de la opinión pública. Más allá del financiamiento estatal, ¿tienes en mente ciertas universidades, o algunos ‘think tanks’ razonablemente bien financiados o espacios mediáticos en los que este proyecto colectivo pueda florecer? ¿Tal vez filántropos? Me lo preguntaba en tanto cuestión estratégica, puesto que la mayoría de personas que se beneficiarían de este tipo de ideas no estaría en capacidad de contribuir con dinero ni tampoco (especialmente) tiempo.

Nick Srnicek: Sí, pienso que es importante tocar este punto, pues la izquierda a menudo descuida la cuestión de los recursos – ¿dónde encontrar dinero, tiempo? ¿Cómo hacer posible que las personas puedan dejar sus trabajos y tengan el tiempo para realizar acciones políticas relevantes? Existe este énfasis sobre los momentos de entusiasmo revolucionario, donde vastos grupos de gente están dispuestos a abandonar el trabajo y contribuir a la ocupación de un espacio público, pero eso no es sostenible a mediano y largo plazo de ninguna manera. Así que, la cuestión es, si quieres realizar cambios a largo plazo, tiene que haber algún tipo de institucionalización, y este tipo de institucionalización requiere recursos de algún tipo. Así que tocamos ese tema para recordar a la izquierda que el dinero es necesario. No hay respuestas sencillas, pero uno puede pensar en grupos como sindicatos, organizaciones filantrópicas, o incluso en el sector informático. El sector informático, muy desconfiado de la ideología libertaria dominante, a menudo es mucho más abierto a una visión más socialista de las cosas. Creo que se puede ver a esos grupos como potenciales espacios para la obtención de recursos. Como dije, no hay respuestas sencillas, y hay que tener presente que siempre que uno obtiene financiamiento se ata a ciertas condiciones, pero me parece es un tema que no nos podemos dar el lujo de ignorar. Es absolutamente central.

SG: Estos dos últimos dos años hubo mucha cobertura en los medios sobre el tema de la automatización y la renta básica universal, incluso el último Foro Económico Mundial estuvo centrado en eso, por otro lado podríamos decir que Alex y tú han tenido éxito en convencer a cierta izquierda de que este podría ser un buen proyecto. Ahora, puesto que la derecha ya estaba interesada en este tipo de temas, se encuentran en un territorio que deberán disputarle. Asimismo, quería preguntarte si el medio ambiente realmente puede permitirse algo como un mundo post-trabajo. Pienso en el tipo de crítica ecologista al estilo de vida de los países del primer mundo, señalando la cantidad masiva de recursos, comida, energía, etc., que gastan. Si vuestro proyecto tiene éxito, esto significaría la universalización de ese modo de vida: ¿sería posible que la Tierra lo resista, desde un punto de vista ecológico?

NS: Esa es una gran pregunta. Déjame decir esto: pienso que todo proyecto orientado hacia el futuro por parte de la izquierda debe, como mínimo, tener como uno de sus fines ser ecológicamente sostenible, no se puede ignorar ese tema. Dicho eso, pienso que la idea de una sociedad post-trabajo es absolutamente necesaria para lidiar con el cambio climático. Consideremos la alternativa: si no tenemos un mundo orientado hacia la abolición del trabajo y aún buscamos llevar vidas dignas, entonces debemos exigir trabajo para todos, y la única forma que conocemos de crear puestos de trabajo es a través del crecimiento económico. Así que, si no se busca una sociedad post-trabajo, necesariamente debe exigirse un crecimiento económico constante. Esto necesariamente tendría efectos perjudiciales sobre el cambio climático. Así que considero que la perspectiva del post-trabajo es la única forma en que se puede responder de manera realista. No acabaría de plano con el problema y habría muchas formas posibles de ponerlo en práctica, pero creo que la superación del trabajo debe ser una condición necesaria para resolver el problema. Me parece algo muy razonable que la gente se cuestione sobre la sostenibilidad ecológica de algo como la automatización total, pero pienso que es bastante plausible realizarla de manera sostenible. La mayoría de gases invernadero son emitidos por la producción y uso de energía, como el carbón y el gas natural. Sin embargo, habría un número de escenarios posibles en los que podría desarrollarse energía global 100% renovable en las próximas tres décadas, por lo que la principal fuente de emisiones de gas invernadero podrían eliminarse. También creo que una sociedad post-trabajo nos permitiría abandonar el tipo de identidad que tenemos en las sociedades modernas, muy vinculada al consumo elevado de ciertos bienes momentáneos, para llevarnos hacia un tipo de sociedad donde realmente podríamos reconocernos mutuamente y desarrollarnos de modo individual y colectivo, centrándonos en bienes más permanentes.

SG: Ha habido críticas a, por ejemplo, partidos como Syriza en Grecia, por no haber tenido el coraje de llevar a la gente al límite, por no empujar al capitalismo hasta sus límites para obtener una ganancia política. Esto podría relacionarse con el significado original del término ‘aceleracionismo’, tal como fuera acuñado por Benjamin Noys, quien lo vinculaba a una ‘politique du pire’ (política de lo peor). Las demandas de su proyecto, en conjunto, podrían llevar a un escenario prometedor, pero estamos en una realidad más dinámica, donde se tiene que empezar por algo o donde algo siempre puede salir mal, y algunas de estas demandas, por sí solas, podrían llevar a resultados terribles. Por ejemplo, la automatización sin renta básica universal podría generar un crecimiento masivo del desempleo y la pobreza.¿Necesitamos sufrir para ganar el poder político necesario para exigir un mundo post-trabajo?

NS: No creo en el uso político de ese tipo de estrategia, el tipo de idea de que si agudizas cada vez más las contradicciones al interior de una sociedad, se desencadenará una revolución automáticamente. Creo que en realidad se trata de si existe o si se vislumbra la posibilidad de actuar. La gente puede aguantar muchísimo sufrimiento, particularmente si siente que no hay salida. Creo que es así como se siente mucha gente hoy en día, como si no hubiera escapatoria y no se pudiera cambiar el mundo, así que simplemente aceptan su lugar y se preparan para lo peor. Así que creo que la política de empeorar las cosas no va a funcionar. Sobre la cuestión de la automatización total, creo que parte del tema es que esto es algo que el capitalismo ya está haciendo. No es tanto una cuestión de hacerlo funcionar, creo que se trata de algo que va a ocurrir, y se trata de si la izquierda estará preparada, de si tendrá ideas nuevas para lidiar con estos desafíos, o si optará por volver a sus ideas de planificación central, reformas socialdemócratas o pleno empleo, ideas que por una variedad de razones pienso que no resolverán el problema. Así que se trata de aceptar que estas cosas ocurrirán, y pensar en posibles soluciones.

La demanda de automatización total tiene dos partes: la primera tiene que ver con el hecho de que actualmente mucho del trabajo en el capitalismo no está automatizado porque es muy barato, así que exigir la automatización total es exigir que los salarios de estos trabajadores sean alzados para que el capitalismo automatice los peores trabajos industriales en China y economías en desarrollo; la segunda no tiene que ver con necesidades económicas sino con una cuestión más política, con no negar la inevitable realidad de la automatización sino de hacernos conscientes de las maneras en que la automatización empieza a abrirse paso en los espacios de trabajo, y hacerlo un foco de la acción sindical y de la lucha política. Así que la exigencia de la automatización total tiene que ver con convertir la automatización en un tema político y no simplemente dejar que el capitalismo la imponga a su antojo.

SG: Podríamos pasar ahora a indagar en las bases filosóficas en Inventando el Futuro. Creo que uno de los elementos filosóficos principales que fundamentan tu proyecto político no es únicamente un renovado universalismo, sino también un interesante concepto de progreso. En su último libro, El Fin del Progreso, Amy Allen, Profesora de Filosofía en la Universidad de Pensilvania, desarrolla la tesis de que en la Teoría Crítica predominan dos concepciones diferentes del progreso: una retrospectiva, relacionada a autores como Habermas y Honneth, que busca realizar una reconstrucción histórica para descubrir qué puede ser considerado como un progreso y con qué valores e instituciones estamos comprometidos implícitamente; una segunda concepción del progreso es prospectiva, y se trataría de algún tipo de criterio formal para orientar la crítica en cierta dirección. En su decolonización de la Teoría Crítica, Allen opta por la segunda concepción en desmedro de la primera, afirmando que es riesgoso asumir la mirada retrospectiva reconstructiva pues cae fácilmente en ideas glorificadoras de la historia europea, y que la única forma de universalismo asumible sería uno negativo de carácter genealógico – por lo que la única idea de progreso en la que podríamos pensar sería la idea del fin del progreso. Entonces, nos gustaría saber dónde te hallas filosóficamente sobre este punto. Está claro que buscas un concepto de progreso entendido como una cierta navegación orientada hacia el futuro, pero, ¿tendría el mismo carácter negativo y genealógico que Allen propone, o tiene algún tipo de contenido positivo?

NS: Creo que una de las preguntas filosóficas sobre las que se basa Inventando el Futuro sería, tras abandonar el tipo de necesidad histórica sobre la que el marxismo ortodoxo justificaba la llegada del comunismo, qué significa pensar el futuro. En primer lugar, puesto que no hay algún tipo de trayectoria económica trazada de antemano ni podemos asumir algún tipo de perspectiva divina trascendente sobre la historia, tiene que ser algo mucho más azaroso y contingente. En lugar de eso, tenemos que pensar las cosas de modo inmanente, por lo que hablamos de una navegación, de un navegar hacia el futuro en el sentido de trazar un trayecto histórico inmanentemente. Esta idea se inspira en cierta técnica de navegación propia de algunos pueblos polinesios, capaces de navegar entre las islas sin usar mapas, GPS ni tecnologías similares, es decir sin poder ver el destino al que se dirigían, únicamente el horizonte sobre el océano; estos navegantes usaban ciertos puntos móviles que iban reordenando constantemente para orientarse hacia el punto al que querían llegar. Creo que es más o menos de ese modo que debe pensarse una concepción de navegación hacia el futuro.

SG: Pienso que hay un uso en la Teoría Crítica contemporánea para este tipo de concepto de navegación, pues parece que hubiera una cierta antinomia difícil de superar entre la mirada más negativa, como una crítica genealógica de la historia, y una noción de progreso de carácter más trascendente, en cierto modo más kantiana. La navegación sería crítica en tanto que no es trascendente, pero al mismo tiempo no sería una suerte de apertura radical o indeterminación sino que permite trazar rutas. Si bien no puedes simplemente dirigirte a cualquier parte, da cierta direccionalidad.

NS: Sí, pienso que ese es exactamente el problema con muchas concepciones post-estructuralistas del futuro, todo acaba volviéndose tremendamente indeterminado, poco más que una apertura enteramente formal de la que no se puede decir nada. El futuro se convierte en algo muy mesiánico, como si llegara de improviso, impredeciblemente, y sin que ni siquiera se pueda tratar de maniobrar en alguna dirección.

SG: Un punto menos explorado de vuestro proyecto político está en su relación crítica que puede tener con el arte contemporáneo. En otros textos muestras cierto posicionamiento estético, abandonando las máximas del arte contemporáneo y exigiendo un arte utilitario, dirigido hacia la amplificación de las capacidades de orientación cognitiva en el capitalismo contemporáneo. ¿Podrías desarrollar un poco estas ideas? Alguna vez has usado el ejemplo de Cybersyn en el Chile de Allende[1], ¿de qué manera este tipo de tecnología post-capitalista podría inspirar la creación artística? ¿Crees que la institucionalidad y el mundo del arte tendrían algún lugar en una sociedad post-capitalista?

NS: Antes de responder debo decir que no conozco demasiado bien el mundo del arte, así que cuando hablo de arte prefiero ofrecer opciones antes que prescripciones. Habiendo dicho eso, encuentro el diagnóstico de Suhail Malik sobre la indeterminación reinante en el mundo del arte bastante persuasivo y cercano a mi experiencia. Pero respondiendo a tu pregunta, sí considero que el arte debería ser más utilitario, que debería tener un uso político y estar orientado hacia el fin pragmático de aumentar las posibilidades de agencia de los actores políticos en la creciente complejidad del mundo globalizado. Así que Cybersyn sería un buen ejemplo, puesto que se trata de la creación de un modelo visual de un sistema complejo como la economía, que permitiría dar a la gente un mayor control sobre este tipo de sistema complejo. Si bien no es un ejemplo exacto, pienso que de él pueden desprenderse varias temáticas que buscamos desarrollar. Dicho esto, he hablado con varios artistas que se han inspirado en el libro, pero llevando su trabajo en otro tipo de direcciones muy interesantes, como jugar con los límites de la percepción sensorial humana, buscando desafiar sus supuestos límites necesarios al manipular esa experiencia. Creo que ese es otro modo en el que el arte puede ser muy útil, menos político, ciertamente, pero también bastante útil e interesante.

SG: Una última pregunta. En los últimos años ha habido mucho movimiento en la izquierda europea, con Syriza en Grecia hace un par de años, Podemos en España y más recientemente el Partido Laborista de Jeremy Corbyn en el Reino Unido. ¿Cómo podría articularse un proyecto a largo plazo como el que proponen en el libro, no solo con el ámbito político, sino también con el académico, intelectual, cultural, etc.? En la situación actual, ¿cuáles son las posibilidades?

NS: Ciertamente, las cosas son más prometedoras de lo que han sido en mucho tiempo. No creo que necesariamente por Syriza, Podemos, Jeremy Corbyn o Bernie Sanders, sino porque hay ciertos síntomas de que algo más está cambiando, de que hay una creciente tendencia hacia la izquierda en el sentir de la gente, hacia ciertas ideas tradicionalmente relacionadas con la izquierda. Así que creo que hay síntomas positivos para interpretar hacia donde se está moviendo la sociedad en este momento. Creo que si Podemos o Corbyn llegaran al poder también sería algo útil, que sería un error decir que no hay nada que pudieran hacer. Pueden hacer ciertas cosas que son muy importantes, particularmente para la vida de una persona promedio. Que el salario mínimo suba o no, si hay apoyo estatal para los trabajadores independientes, si existen derechos abortivos, estas cosas son muy importantes para la vida de la persona promedio, no son revolucionarias bajo ningún punto de vista, pero tienen un impacto crucial en la vida de las personas. Al mismo tiempo, debemos reconocer que los cambios y transformaciones radicales no los realiza un partido político. Es por eso que deben vincularse a algún tipo de movimiento social masivo, por eso Podemos se asoció con el movimiento 15M, Corbyn más o menos se ha asociado con Occupy y un cierto movimiento social subsidiario del Partido Laborista. Este tipo de movimiento debe ser independiente de los partidos, debe empujarlos en direcciones en las que se sientan incómodos, por el simple hecho de que cuando un partido llega al poder debe enfrentar presiones económicas de los sectores empresariales y, particularmente aquí en el Reino Unido, de los intereses financieros, y eso debe encontrar una oposición, un contrapoder, en los movimientos sociales. Así que no pienso que los partidos sean suficientes bajo ningún punto de vista – pueden hacer cosas muy útiles, sentar ciertas bases, pero en última instancia pienso que serán estos movimientos sociales masivos los que produzcan verdaderos cambios.

Nota

[1] El Cybersyn era un proyecto diseñado durante el gobierno de Salvador Allende, se trataba de crear un centro de monitoreo computarizado de la economía nacional, donde no solo se ingrese información de las estadísticas económicas, sino también las demandas de las clases obreras y campesinas, para que las decisiones económicas se den de una forma más democrática e informada. Lo esencial del proyecto era crear un interfaz para que esa compleja información pueda ser manejada y entendida por los técnicos y políticos. Ver Eden Medina, Cybernetics Revolutionaries. Technology and Politics in Allende’s Chile.

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