El progreso de la incapacidad intelectual

Por Alicia Cortinas

En este apabullante y frenético mundo en el que vivimos, no hay mucho espacio para la contemplación. El simple ejercicio de pensar no se retribuye si no viene asociado a un producto claramente medible, ya sea una transmisión de ese conocimiento, de un libro o artículo o de un nuevo algoritmo. Incluso en tiempos de desempleo, como actualmente ocurre en la mayor parte de países del sur de Europa, los subsidios que se otorgan por ese tiempo de “inactividad” son únicamente para volver a introducirse en el sistema de remuneración por producto o servicio. Y claro, los parados procuran estar el mayor tiempo posible en esa situación, como protesta ante un sistema que no les deja sacar al pensador que llevan dentro. De esta manera, el pasado abril, España alcanzaba un 18% de pensadores frustrados.

Pero, ¿por qué se infravalora tanto esta cualidad que nos hace únicos entre los animales? La capacidad de raciocinio, el emitir hipótesis, expresar juicios de valor, recopilar información para establecer nuestras conclusiones… todo ello nos hace progresar como personas, y sin embargo nuestra sociedad no lo reconoce per se. Al contrario. Pareciera que los grandes iluminados encargados de dirigir y gobernar tuvieran un plan para masacrar todas las herramientas que dieran a sus ciudadanos la capacidad para tener criterio propio y mejores facultades para pensar por sí mismos. Y es que la clase gobernante, en concreto, cierto alcalde inglés, ha descubierto que el coeficiente intelectual es directamente proporcional a la riqueza. Por tanto, ahora sí se comprende que, en un país obrero, no valga la pena invertir en educar a una mayoría de pobres ignorantes.

Los alumnos de nuestro sistema educativo reciben raciones empaquetadas de preguntas y respuestas previamente consensuadas, en las que no hay mucho margen para la originalidad derivada de una mente perspicaz y activa. Como aquel joven Bohr, cuando le preguntaron por la altura de un edificio valiéndose de un barómetro. Su inesperada sugerencia fue atarle una cuerda, lanzarla hacia la acera desde la azotea y medir la longitud de la misma. O bien tirar el barómetro midiendo el tiempo que tarda en caer, y usar la aceleración de la gravedad para medir la altura. Las múltiples respuestas desconcertaron a su profesor, ya que se salía de lo estipulado, y no sabía si darle la máxima puntuación por ser igualmente correcta la respuesta, o ponerle un redondo cero por no usar la fórmula de presión que él exigía. El profesor sólo aceptaba como buena aquella respuesta que él había fijado, ignorando aquellos que se atrevieran a pensar, haciendo uso de otros parámetros de la Física, aunque éstos fueran igualmente válidos. Y seguramente también le preocuparía el romper un barómetro en perfectas condiciones, cuando bien podría sustituirse por una piedra. Pues bien, no ha habido mucho progreso desde entonces.

Entonces, ¿cómo se mide el progreso de una sociedad, desde el punto de vista intelectual?  Si se observa únicamente su sistema educativo, se podría decir que, por un lado, en España ha habido cierto progreso desde la dictadura de Franco. Para empezar, ya no está en el Currículo la Religión, que fuera el eje principal en las escuelas de la época franquista. Aunque 40 años después, hace de nuevo amago de tomar protagonismo con la Ley Wert – Partido Popular, de derechas – de 2013. El mismo Wert que opina que habría que “españolizar” a los catalanes. Pero oye, que él es rico, así que es lo suficientemente inteligente como para que lo que sugiera sea correcto. Habrá que forrar Cataluña con la bandera nacional, sintonizar el himno cada hora punta y sacar los toros a la calle de nuevo. Sin embargo, todavía no se ha encontrado la fórmula ideal para sustituir la enseñanza de principios morales no vinculados a ninguna confesión, siendo la “Ética”,  “Educación para la ciudadanía” y por último “Valores Sociales y Cívicos” los intentos más cercanos.  Continuando con las mejoras, durante la dictadura las grandes élites disfrutaban de privilegios con su doble vía de Bachiller, única para los de su clase, que desaparece unificándose en una sola vía. Sin embargo, considero que la separación actualmente se hace de forma indirecta en la educación post-obligatoria, ya que se han incrementado considerablemente el precio de los estudios Universitarios desde el Plan de Bolonia (2010). Aunque puedo estar errada en esto, ya que, según Wert, “las tasas universitarias no han subido tanto”. Y si él, que ha debido sufrir mucho a fin de mes para pagar la matrícula, lo dice, es porque es cierto.

Peor suerte ha corrido la asignatura de Filosofía, la única que trata directamente de enseñar al alumno a reflexionar, a estructurar su pensamiento, a pensar de forma crítica y además a conocer cómo los grandes autores de la historia lo hacían en sus épocas correspondientes. Si antes, con la Ley Orgánica de Educación, aún se estudiaba hasta Bachiller (los dos años previos a la Universidad), con la última reforma desaparece por completo del programa. Por tanto, los futuros desempleados aspirantes a filósofos lo van a tener muy crudo. ¿Se podría decir que entonces, hay progreso en la Educación? Sí, pero no para las capacidades, sino más bien para las incapacidades intelectuales.

Nota aclaratoria

Las menciones al autor Wert en el texto, se refieren a José Ignacio Wert, ex ministro de educación y cultura español durante el gobierno de Mariano Rajoy, quien en 2013 presentó una ley para mejorar la calidad educativa a la que se refiere la autora.

Pintura: Angelica Kauffman, Angelica Hesitating between Music and Painting, 1791.

One thought on “El progreso de la incapacidad intelectual

  1. Interesantísimo (verídico demás) post. Tal cual: las curriculas escolares omiten asignaturas (saberes) fundamentales, so pretexto de que no sean “útiles” (económicamente). Sin embargo, habría que repensar (y criticar) tal noción de utilidad, tal como lo hiciera Nuccio Ordine en “La utilidad de lo inútil”.

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