De la crisis de la representación a representación de la crisis

Por Stephan Gruber

Tras el atentado del 11 de Septiembre del 2001 en Nueva York, Jean Baudrillard, quién se había hecho célebre por destacar la cualidad hiperreal de los grandes eventos que surcaban los medios desde los ochenta (la crisis del 87, la guerra del golfo, etc.) mencionó que aquel evento, “sí había tenido lugar”. Frente a los no-eventos, el 11 de Septiembre fue “la madre de todos los eventos” que rompía momentáneamente el simulacro imperante en la sociedad contemporánea.[1] Ante esto me pregunto si la Crisis del 2008, que Baudrillard no alcanzó a ver, constituiría también un evento de este tipo, un punto de quiebre del simulacro. En términos estrictos, la crisis del 2008 es una crisis financiera que tiene efectos en la economía real de los países centrales (Norteamérica, Europa, Japón) siendo solo comparable con la gran depresión de 1929.[2] En ese sentido, no se trataría del usual orbitar de los capitales flotantes “que ni siquiera sus convulsiones dejan huella”, como caracterizaba Baudrillard a las fluctuaciones económicas de los ochenta, sino de la crisis con efectos reales[3]. Sin embargo, la representación de la crisis ha sido pródiga en desplegar el imaginario de la simulación, lo ficticio e hiperreal. Es decir, en representar la crisis económica actual, nuestra estética ha seguido, muchas veces, los pasos de los tropos baudrillardianos, algo que me gustaría evaluar en este artículo.

Baudrillard señala que “la especulación ya no es la plusvalía, es el éxtasis de valor, sin referencia a la producción ni a sus condiciones reales. Es la forma expurgada del valor, que ya solo interpreta su propia revolución (su propia circulación orbital)”[4]. Este diagnóstico es similar al que se muestra en muchas de las representaciones y explicaciones de la crisis que han circulado en la cultura. Una economía que ha dejado de ser racional y humana es lo que está detrás del descalabro financiero mundial. Esto se ha visualizado a través de la inmersión de una estética de gráficos, números y ecuaciones que tienen lugar en escenas de la gran mayoría de películas que representan la crisis[5]. Por ejemplo, en Wall Street: The Money Never Sleeps, el mundo de las finanzas se hace visible a través de pantallas, números y gráficos de la crisis que se proyectan sobre la ciudad.

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Fuente: http://www.asianews.it/

Por otro lado, también son usuales los diálogos narrativos donde se trata de explicar lo que está detrás de los derivados financieros. Michael Moore en su Capitalism. A love story, por ejemplo, crea una escena donde él busca expertos en Wall Street, Harvard y el gobierno para que le expliquen este asunto. Nadie da una respuesta satisfactoria, lo que le lleva a la conclusión de que los derivados son necesariamente ininteligibles y que por eso tienen éxito en las finanzas, porque están más allá de toda regulación. Esta irracionalidad, inconmensurabilidad de las finanzas se puede nuevamente explicar bien con otra frase de Baudrillard en Transeconomía: “ya no es un proceso crítico, la crisis siempre depende de la causalidad, del desequilibrio entre las causas y los efectos, y encuentra o no su solución en un reajuste de las causas, mientras que en lo que nos concierne, son las causas las que se borran y se vuelven ilegibles, dejando su sitio a una intensificación de los procesos en el vacío”.[6]

Sin embargo, hay que dejar en claro que estas son representaciones de la crisis, es decir, la crisis de la representación que nos refiere Baudrillard respecto al nuevo fenómeno de las finanzas especulativas, que ya no pueden ser mapeadas por la Economía Política, es una representación más. El problema de esta representación es que deja dos salidas igualmente problemáticas: o el pesimismo frente a un capitalismo demasiado abstracto, demasiado poderoso frente al cual solo somos objetos, el cual es derivable de las ideas de Baudrillard; o el advenimiento de una nostalgia hacia un fordismo o localismo que es igualmente imposible. En efecto, así como las películas de la crisis representan la estética capitalista y su halo sublime de inabarcabilidad e inmaterialidad, también muestran un moralismo chato similar al de las películas de catástrofes en donde la solución a la catástrofe global es el regreso del padre o el retorno a los orígenes.[7] Esto oscurece la verdadera causa de la crisis, ya que se imagina un capitalismo bueno, real, fordista que fue parasitado por las finanzas y la virtualidad.

Ante estos énfasis de la representación es importante afirmar cómo las aceleraciones contemporáneas de las finanzas inmateriales y el trabajo cognitivo tienen como su reverso un aumento de formas laborales tan intensas y materiales como en el siglo XIX, en las inmensas regiones-fábrica del mundo en el sudeste asiático.[8] Asimismo, las operaciones financieras y especulativas solo se sostienen por la existencia de una red logística y comercial marítima que mantiene el flujo de mercancías.[9] Por otro lado, la representación tiene que volverse una interfaz para comprender los modelos financieros que operan en el mundo, antes que reduplicar su obscuridad funcional. En ese sentido, es necesario explorar otras narrativas y dispositivos de representación de la crisis que no estén capturados por la abstracción de una crisis irresoluble de la representación.

Notas

[1] Baudrillard, J. The Gulf War Did Not Take Place. Sidney: Power Publications 1995; Baudrillard, J. “The Spirit of Terrorism,” in Telos, no. 121 (Fall 2001): 134-142.

[2] Krugman, P. De vuelta a la economía de la gran depresión y la crisis del 2008.

[3] “Transeconomía” en La Transparencia del Mal. Barcelona: Anagrama, 1995. P. 33.

[4] Ibid. 41.

[5] Existen, actualmente, varias películas sobre el tema. Entre los documentales, los más famosos han sido Capitalism. A Love Story de Michael Moore e Inside Job de Charles Feguson; entre las películas, Wall Street: The Money Never Sleeps de Oliver Stone; Margin Call  y recientemente, The Big Short. Ver A. Toscano y J. Kinkle “Filming the Crisis (2008-)” de su Cartographies of the Absolute, para una lista y análisis más exhaustivo.

[6] Op. Cit. Baudrillard, p.38.

[7] Respecto a la narrativa de las películas de catástrofes ver Ubilluz et. al. “El fin del mundo como restauración conservadora” en La Pantalla detrás del Mundo. Las ficciones fundamentales de Hollywood. Lima: Red para el desarrollo de las ciencias sociales.

[8] Ver Capitalisme Pur, Huzon

[9] Ver, The Forgotten Space de Allan Sekula y Noel Burch.

Créditos de la imagen: a.travel-assets.com

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