Magisterio en huelga

Por Maverick Díaz

Hay una huelga de maestros peruanos que empezó en el mes de junio[1]. Por diversos factores, entre los que se encuentran el hecho de que los agentes estatales la subestimaron, esta huelga se ha extendido temporalmente, y ha terminado por ser otra gran muestra de los problemas de coordinación efectiva entre el Estado peruano y los intereses de los miembros de la Sociedad civil. Un argumento que se esgrime hasta el cansancio en contra de la acción colectiva de los docentes es su falta de compromiso con los alumnos, quienes corren el riesgo de perder el año escolar. En la más extrema variante de esta argumentación, se acusa a la huelga de ser responsable directa de que algunos niños hayan sufrido graves accidentes, precisamente porque se encontraban en un lugar peligroso sin supervisión adulta, cuando debieron haber estado en la escuela.

Desde ciertos ámbitos de la sociedad, se exige a los docentes una consideración casi altruista hacia los otros, cuando de parte de un gran sector de la ciudadanía y de los agentes del Estado los docentes no gozan de este beneficio social. En palabras de los mismos docentes, en las zonas recónditas del Perú son tratados con respeto; cerca del poder en Lima, son mirados con sospecha y son objeto de desconsideración. A veces, son estigmatizados genéricamente como “terroristas” y “brutos”, o se les asume como piezas de fácil reemplazo en la cadena educativa. Estos predicados son reproducidos no solamente en el terreno informal de la opinión pública (los comentarios en los medios virtuales abundan en estos calificativos), sino también por organismos y personajes que deberían tener una actitud más comprehensiva y evaluativa de la coyuntura[3].

Sabemos que de los 300,000 docentes peruanos, solo 4,819 mil han firmado los planillones del Movadef y que del actuar de ese pequeño porcentaje no se sigue que ellos sean, en efecto, terroristas. Asimismo, aunque parezca una iniciativa con un ánimo constructivo, sostener que los ciudadanos con una “profesión” podemos asumir, en este contexto, la función de educadores de reemplazo para evitar las consecuencias “terribles” de la huelga es presuponer que no es necesaria una real formación docente para asumir el papel de educador en una escuela, y esto justamente porque desempeñar esta profesión “no debe de ser tan difícil”.

Tal vez educar no sea algo difícil para algunos. Aquí hay que preguntarse ¿qué tipos de dificultades implicaría desempeñar el rol de docente, si lo pensamos, sin conocimiento de la realidad peruana, dando por sentado que ciertas condiciones materiales están satisfechas? O ¿Cuántas dificultades exteriores al acto mismo de enseñar podrían aliviarse con tales condiciones alcanzadas? Lo cierto es que los docentes peruanos se encuentran mal pagados. Esto puede ser constatado fácilmente si consideramos los sueldos de docentes en países vecinos e, históricamente, si comparamos los sueldos actuales con los de décadas anteriores al hundimiento económico de los ochenta. También en el pasado reciente el aumento de los sueldos se detuvo virtualmente en el segundo gobierno de García. Como muestra de la sistemática postergación que experimentan, los docentes acusan adicionalmente una falta de capacitación por parte del Estado para enfrentar la evaluación de desempeño docente, y levantan sospechas de que una eventual desaprobación de la evaluación implicará, de manera punitiva, el cese de funciones de grandes porciones del colectivo.

Si bien no debe concluirse que el problema de la educación en el Perú pueda reducirse a una cuestión meramente económica, la estabilidad material posibilitada por un nivel de ingresos realistas es condición necesaria para encontrar en la docencia un medio pertinente de autorrealización. Los sujetos que tienen el rol de docentes no tienen por qué ser arquetipos de Jesucristo o Gandhi. Tienen derecho a reclamar si consideran injusta su situación, y el interés del magisterio no puede desvincularse de cierto aspecto estratégico. El mismo argumento por el cual se les critica su falta de consideración hacia los escolares es también la razón por la cual su reclamo es tan importante., y por la cual se requiere de una solución al problema que integre mediante el diálogo, además de ciertas decisiones pragmáticas, también promesas colectivas de crecimiento “ético” mediante las cuales sus objetivos a largo plazo sean tenidos en cuenta. Se trata, naturalmente, de un proceso, pero la idea de “docente” tiene que empezar a ser rehabilitada desde el presente inmediato. El incremento del apoyo masivo a su causa por parte de la ciudadanía contribuye ya a esta transformación.

Notas

[1] Según la Ministra de Educación, se trata de dos huelgas, la primera de las cuales fue resuelta ya.

[3] Véase la actitud de Milagros Leyva: https://www.youtube.com/watch?v=Mu5CYlVGv4I

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s