Apostar por la cultura

Por Alexandra Hibbett

En enero, se lanzó la campaña Más Cultura Más Perú,[1] que busca que el gobierno invierta más que el mísero 0.32% del Presupuesto Nacional que destina actualmente al sector cultural. La campaña es organizada por individuos con interés en la cultura (yo entre ellos) y por agrupaciones políticas y culturales. Además de exigir al menos el 1% de inversión en el sector, enfatiza que este gasto debe gestionarse a través de políticas culturales bien diseñadas, que garanticen, primero, que se ejecute el presupuesto de manera descentralizada. Segundo, que en lugar de convertirse en otro programa burocrático vertical, que llegue a las iniciativas culturales que ya vienen trabajando en todo el país. Y tercero, que se articule la política cultural con las demás líneas de trabajo del gobierno.

En un contexto donde existen tantos reclamos sociales por inversión pública, y tras los graves huaicos de marzo de este año, el pedido de inversión en cultura no se escucha con mucha fuerza en el foro público. La cultura no parece ser una prioridad cuando hay tantos problemas sociales urgentes; es más, la cultura usualmente no es  entendida como algo necesitado de una política pública, en cuanto existe de manera espontánea y al parecer ocupa solo un lugar marginal en nuestras vidas. Incluso en cuanto área de gobierno (el Ministerio de Cultura, por ejemplo), se considera que poco tiene que ver con áreas de trabajo estatal consideradas más serias o centrales.

Debemos oponernos a estos sentidos comunes. La lógica instrumental y la de la urgencia en las políticas públicas no permiten abordar muchas de las causas estructurales e históricas de los problemas sociales que nos aquejan. Si pensamos en la corrupción, en la criminalidad, en la violencia de género, en la discriminación cultural y racial, y en la falta de educación, como problemas en parte culturales, se abre una dimensión de intervención política que actualmente está siendo desaprovechada. Si queremos cambiar una cultura de la informalidad, de la corrupción, de la discriminación, una cultura machista y racista, las medidas puramente institucionales o legales, o la mera aplicación de la ley, serán insuficientes. La política cultural puede crear oportunidades de reconocimiento y diálogo igualitario entre ciudadanos diferentes (en términos de clase, género, edad, cultura, etc.), proveer espacios de goce y bienestar, y promover el surgimiento y desarrollo de la conciencia crítica que necesitamos para enfrentarnos a lo peor de nosotros mismos.[2]

 

Notas

[1] La página web de la campaña se puede visualizar aquí [https://www.facebook.com/masculturamasperu/].

[2] Sobre el tema, puede consultarse el libro de Víctor Vich, Desculturalizar la cultura. Buenos Aires: Siglo XXI, 2014.

Créditos de la imagen: www.viaja-peru.com

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