“Responsabilidad”, “ignorancia culpable” e “ignorancia activa”

Por Maverick Díaz

Digamos que ser responsable de algo presupone cierto cambio en el estado de cosas de un mundo objetivo y público. Implica también el conocimiento propio de un agente o de varios agentes acerca de tal alteración. De esta manera, si tal cambio resulta ser sabido por el agente al momento de ser efectuado por este, entonces tiene que serle imputado como su responsabilidad. Puede decirse que este breve análisis determina el sentido general de lo que es la acción de un individuo. Así, ser responsable como agente de un “incendio” implica el haber sabido que encender un artefacto pirotécnico en una zona cerrada y con elementos de fácil combustión bien puede conducir a un desastre de grandes magnitudes.  Naturalmente, en la atribución de este tipo de responsabilidad hay todavía varios niveles que deben ser expuestos, pero ninguna de estas consideraciones resulta incompatible ya con la responsabilidad de un individuo, sino que solo la determina con más precisión (¿Fue mi objetivo explícito provocar tal incendio? Si no lo fue, ¿bajo qué descripción deben considerarse de manera articulada las consecuencias de aquello que he realizado? ¿Por qué debería ser este el caso?).

Un punto a resaltar aquí corresponde a lo que podría denominarse el contrapeso objetivo que el saber del agente tiene que asumir como un cierto deber con el mundo y con los otros. El sujeto puede sostener que desconocía la conexión entre el evento “encender un encendedor” y la consecuencia del “incendio a gran escala”, y puede también afirmar que no conocía la descripción bajo la cual emplear como símbolo una “cruz en llamas” instanciaba un “acto de racismo contra los afroamericanos”. Pero incluso cuando un sujeto puede sostener su inimputabilidad a través de explicaciones que traten de justificar su ignorancia sobre las consecuencias e interpretaciones de su acción, nos encontramos a veces reticentes a aceptar como válidas tales justificaciones, y no precisamente porque consideremos que el sujeto mienta, sino porque le atribuimos también responsabilidad por tal desconocimiento.

En ciertas situaciones, podemos sostener intuitivamente que las excusas dadas para justificar la inimputabilidad de un acto se trastocan en lo que José Medina ha calificado como “ignorancia culpable”: un desconocimiento que no debió haber sido, un “debió haber sabido mejor” lo que estaba haciendo. La pregunta aquí, claramente, es: ¿por qué es el caso de que el sujeto “debió haber sabido mejor lo que hacía”? La respuesta puede sostener que, desde una cierta caracterización de lo que el sujeto es, este ya lo sabía. El análisis de esta respuesta requiere que asumamos una consideración de la responsabilidad sensible al contexto en que se actúa; y el contexto de la acción suele ser históricamente producido, socialmente determinado e intersubjetivamente mediado (y validado).

Por decirlo de alguna manera, hay conexiones explicativas sobre la acción que están contenidas ya en la caracterización que, en un momento histórico, tiene el rol social que un individuo cumple (que se auto-atribuye y que le es atribuido también por otros) al interior de una esfera de acción humana. Si un individuo asume una función en este sentido, asume también una serie de compromisos que debería llevar a cabo, compromisos que integran tanto un conocimiento informado de ciertas situaciones como de las maneras pertinentes de interactuar en tales escenarios. Que de facto no los cumpla quiere decir, así, que el sujeto es culpable por no cumplir con la normatividad que se ha auto-impuesto y desde la cual los demás participantes en la interacción interpretan sus performances (incluso de manera implícita).

La conexión adecuada entre el concepto de lo que uno es (encarnado en un rol auto-adscrito y atribuido también por el mundo) y lo que de facto uno deviene se ve afectada por lo que podríamos denominar una “ignorancia activa”. El desconocimiento puntual de ciertas características del mundo y de los otros, cuando es sistémico, suele resultar de una manera habituada de relacionarnos con aquellos, de una forma de reflexionar la realidad que tiene consecuencias unilaterales, porque bloquea de manera sistemática la incorporación, en un primer nivel, de otras perspectivas y de otros puntos de vista que pueden enriquecer con información relevante nuestro conocimiento como agentes. Se trata, así, de una actitud de segundo orden que opera como trasfondo distorsionante en el cual se perfilan las actitudes cotidianas de una “conciencia moral” que se relaciona con el mundo empírico y social.

¿De dónde proviene esta “ignorancia activa”? Es también el resultado de procesos de aprendizaje heterogéneos y conflictivos que ha experimentado una comunidad de sujetos a lo largo de su historia. Esta se plasma en estructuras sociales y en sistemas de creencias que la secundan, y se reproduce a través de la educación de los miembros de la sociedad. Marx se percató de esto cuando sostuvo que las praxis y las creencias propias de la sociedad capitalista forzaban a los sujetos a asumir como “normal” y “verdadera” una actitud hacia el mundo y hacia los sujetos que se caracterizaba por la instrumentalización de las relaciones sociales, y, en ese sentido, por la imposibilidad de captar de manera no estratégica ciertas metas colectivas (lo que Hegel denominó un “universal racional”) que le dieran sentido a la subjetividad de los individuos. Así fue que empezó a predominar una idea de la libertad restringida a la realización sin obstáculos externos de objetivos arbitrarios en el mundo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s