El chico huevera

Por Gianfranco Casuso

  • ¡Hummus! – exclama el chico huevera – ¿cómo hago entonces, Juanma, para lidiar con mi disonancia cognitiva?

 Juanma solo lo mira a través de sus anteojazos de carey color miel. De reojo observa el libro amarillento de Leon Festinger, ese que nunca lee porque le dijeron que tiene muy poca mística y soluciona los problemas muy rápido… y dónde está la gracia en cobrar 100 dolarucos por sesión si el paciente se va a mandar mudar a las dos semanas, todo curaíto y sintiéndose reconciliado consigo mismo. Odia la palabra “cognitivo” porque cree que todo es irracional (sic). Prefiere las imágenes mágico-religiosas del mundo e inventar un conceptillo que suene a sánscrito cada que se topa con algo que no puede explicar. El diván es de un negro mate regio, pero lo usa poco ya.

  • ¿Cómo hago, Juanma? Mira, yo soy de izquierda pero la gente no me cree. Hasta me he soplado toda una maestría donde solo nos hacían ver películas y leer El Trome para entender mejor al pueblo y nada. Ni en mi casa me dan bola con eso de la revolución simbólico-semántica-interseccional. Por eso he estado pensando en irme de casa, ¿te conté? Ya tengo dos posibles roomies en mente y la empleada de mi mamá podría ir una vez por semana a limpiar…
  • ¿Has pensado que quizás tu problema es querer ser demasiado consecuente?

(El bobblehead de Freud le guiña un ojo desde la repisa, él se hace el huevón)

  • No lo creo, Juanma. Ayer me vi enterita la última temporada de Black Mirror como me recomendaste y no hice más que encontrar contradicciones. Eso significa que estoy preparado para criticar a la sociedad, ¿no? No me pasaba desde que vi V de vendetta. Te juro que la miraba y me daba una bronca tanta injusticia… felizmente que al final todo termina bien y se me fue todo el karmeo. Era como estar viendo un meme en movimiento y de dos horas. Genial. En serio, Juanma, que pocas veces he sentido al nudo borromeo con tanta claridad. Eso de poder ver el funcionamiento de los tres registros así, a flor de piel, me pone recontra bien…
  • Ya te he dicho que no me hables en difícil. Al menos di que te gustó Natalie Portman.
  • Perdón.

(Ahora es Freud el que se hace el huevón)

  • Mira, el tema de cómo criticar a la sociedad sin dejar de ser chévere no tiene que ver con encontrarle la racionalidad a todo, sino que pasa por resolver primero tu conflicto entre el héroe, la máscara, la sombra, el ánimus….
  • ¿Hummus?
  • Ánimus
  • Ah

El chico huevera ha leído que el registro de lo imaginario le permitirá tomar distancia de ese yo del que tanto reniega: su origen burgués-agrario-explotador-aristocrático (en el Perú todo eso y más puede ir junto). Pero no sabe cómo resolver sus contradicciones. Casi cada decisión que toma le produce la sensación de estar traicionando algo en lo que cree. Es que cree en muchas cosas que no son mutuamente consistentes. Eso le genera la impresión de estar viviendo una vida disonante. Quiere superar ese malestar, buscar una mayor consistencia, hacer algo… pero es que la pashmina granate va tan bien con ese peinado nuevo (la etiqueta de Made in Bangladesh la quitó hace tiempo por si las dudas).

El chico huevera es un hombre de imágenes: “lo real vale más que mil palabras”, suele decirle a sus alumnos. Cree firmemente que la pashmina granate que saca a pasear cada miércoles y viernes cuando va a su Círculo de lectura de comediantes eslovenos tiene más contenido simbólico y más potencial transformador que una buena huelga. No lee a Marx porque ya hay intérpretes que han tomado lo que sirve de él para aplicarlo a la sociedad contemporánea y no vale la pena duplicar esfuerzos. Tampoco lee a Hayek porque es muy difícil.

  • Bueno, ya nos vemos la próxima, Juanma. De acá me voy a una reu con la gente de mi promo. La semana que viene te cuento qué tal.

(El bobblehead de Freud se balancea de un lado a otro. La cuerda alrededor de su cuello parece que aguantará todavía un rato).

El chico huevera sale del consultorio aliviado y casi feliz. Ve una cara familiar en la sala de espera. Se acerca, los dos sonríen y se estrechan la mano. Al hacerlo, la manga del blazer del otro se corre un poco y deja ver un gemelo brillante que une ambos extremos del puño doble de la blanquísima camisa.

Créditos de la imagen: http://www.jadominguez.com/

 

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