Entrevista de Gianfranco Casuso (PUCP) a Rahel Jaeggi (Universidad Humboldt de Berlín) y Martin Saar (Universidad de Leipzig). Lima, 14 de agosto de 2014.

Nota: La entrevista se realizó con ocasión de la visita de los profesores Jaeggi y Saar a Lima en el marco de las Primeras Jornadas sobre Teoría Crítica: Poder, crítica inmanente y Genealogía.

GC: Profesora Jaeggi, bienvenida al Perú. Usted tiene una versión muy especial y original de la Teoría crítica, dado que la considera como una crítica inmanente de las formas de vida. ¿Podría decirnos qué es una forma de vida y por qué es necesaria una crítica sobre ella?

RJ: ¿Por qué se necesita una crítica de las formas de vida? Una crítica tal abarca, fundamentalmente, todo lo que se refiere a la vida cotidiana, pero también a las instituciones que la constituyen y acompañan, así como a lo que tiene lugar en su interior. En ese sentido, una crítica de las formas de vida posibilita tematizar no solo una parte determinada de nuestra vida social, sino todos los aspectos de esta, desde las formas de relación entre los géneros hasta el modo en que debemos comportarnos en el espacio público, pasando por los modos en que se da la educación, se forman las ciudades o nos preguntamos sobre cuáles bienes pueden ser comprados y vendidos y cuáles no deberían ser considerados como comercializables. Todas estas dimensiones de nuestras vidas que se manifiestan en nuestras muy concretas prácticas cotidianas son los puntos que una teoría crítica debería tematizar.

Jaeggi Saar 2

GC: ¿Es realmente posible criticar la propia forma de vida? Y si es así, ¿desde qué perspectiva?

RJ: Naturalmente, se puede decir que no es en absoluto posible criticar nuestra propia forma de vida, dado que para nosotros ella se presenta como algo tan obvio, que hace que sea imposible tener la distancia suficiente para criticarla. Creo, sin embargo, que esto no es correcto. Si se pregunta desde qué perspectiva es posible criticar, debemos tener en cuenta que nuestras formas de vida se hallan en una crisis continua y que por lo tanto son siempre, una y otra vez, puestas en duda. No es que el teórico crítico pueda acercarse artificialmente a la realidad de la vida de las personas, sino que estamos ya involucrados permanentemente en conflictos y discusiones sobre las formas de vida, los cuales los teóricos críticos pueden ayudar a hacer un poco más explícitos o pueden reflexionar en determinado respecto, a saber, en qué sentido la crítica de las formas de vida realmente es una praxis de la que en absoluto podemos deshacernos tan fácilmente, incluso aun cuando quisiéramos. Es por ello que esto es parte de lo que significa compartir una forma de vida. Uno se ve confrontado con estas situaciones cuando las cosas no funcionan bien o cuando hay conflictos sobre la forma en que se debe vivir; estos son los momentos en los que la crítica a las formas de vida es realizada como una práctica social cotidiana. La crítica de las formas de vida que llevan a cabo los filósofos, aquella considerada como una reflexión filosófica, se diferencia por una parte de esto, pero por otra parte las formas de vida se hallan en un conflicto inmanente, en una crisis inmanente, porque algunas cosas no funcionan como deberían funcionar en relación a ciertas instituciones, por ejemplo, a ciertas instituciones democráticas. Es cierto que ellas existen; en el papel existe el derecho al voto y los mecanismos que sirven para que las personas puedan votar; sin embargo, muchas veces tenemos la experiencia de que estas no son algo que tenga realmente vida, que la participación de los individuos en estos procesos no es posible, es decir, que las instituciones no funcionan. Es a través de estos momentos en que se demuestra que las formas de vida han caído en una crisis; por ejemplo, que la promesa de una participación democrática no se cumple, así como tampoco se cumple que una institución como la universidad funcione de manera correcta. En principio la tematización filosófica de las formas de vida empieza justamente en estos momentos, cuando aparece una contradicción inmanente entre cómo se espera que funcionen las instituciones y cómo en la realidad (no) están funcionando.

GC: ¿Qué tan importante es para su proyecto asumir una perspectiva histórica con el propósito de posibilitar esta forma de crítica?

RJ: Esto es muy importante para mi proyecto. Mi tesis de partida es que las formas de vidas son instancias que solucionan problemas. Estos problemas se presentan de diversas maneras y las formas de vida constituyen historias que se han desarrollado en el intento de encontrar solución a dichos problemas en contextos sociales específicos y situaciones históricas. La pregunta si una determinada respuesta a un problema o una determinada forma de vida es adecuada o no, se puede responder solo si dentro de este proceso se analiza que una solución histórica a un problema constituye una reacción adecuada, reacción que aparece en una determinada tensión o conflicto. La importancia de esta perspectiva histórica se ve reflejada en un criterio como el de la regresión. Si se dice que determinadas respuestas a ciertos problemas son criticables es porque son regresivas, porque no operan a la altura del planteamiento del problema. Por ello es importante asumir la perspectiva histórica. Asimismo, es imprescindible preguntarse cómo se ha originado la situación problemática y cuáles son las demandas que los actores sociales han vinculado a determinadas prácticas sociales para poder plantear los problemas. Ello no se puede descubrir únicamente a partir de la formulación actual de un problema, sino que uno debe preguntarse qué es lo que ha producido una determinada constelación social.

entrevista Jaeggi Saar 1

GC: Profesor Saar, para usted también es muy importante esta perspectiva histórica. No obstante, en base a la idea según la cual la Genealogía es una forma de la crítica, usted no estaría muy de acuerdo con lo que la profesora Jaeggi entiende sobre la crítica inmanente. ¿Qué entiende usted por el término Genealogía y cómo ayuda esta al proyecto de una teoría crítica de la sociedad?

MS: Yo estoy interesado en proyectos que llevan a cabo una crítica del poder y la Teoría crítica clásica desde siempre ha defendido también la idea de que la Teoría crítica consiste en una crítica a las estructuras y procesos de poder. Me interesan también autores y posiciones que se encuentran en los límites o en las cercanías de la Teoría crítica. El concepto de Genealogía que usted menciona, que fue desarrollado por Nietzsche y posteriormente por Foucault, es en principio una concepción emparentada, pero en realidad no completamente idéntica, a la expuesta por Rahel Jaeggi. Aquella también parte de la idea según la cual la perspectiva genética con respecto a la creación y constitución de ciertas prácticas, normas y valores es decisiva para criticar a estas mismas. La diferencia podría estar en que la perspectiva genealógica, por lo menos de acuerdo a lo que han propuesto Nietzsche y Foucault, tiende más bien a postular que la historia no es comprensible, racional o completamente consistente, y que ciertos desarrollos históricos pueden ser entendidos no solamente como, por ejemplo, procesos de resolución de problemas o de aprendizaje, sino también realmente como procesos casi ciegos de implementación de determinadas demandas de poder o de ciertas fuerzas. A mí me parece correcto que cuando queremos entender la prehistoria de ciertas prácticas, valores, autocomprensiones o instituciones que son ahora comunes, también admitamos que algunos de ellos son ciegos, casuales, que son algo que incluso no puede o debe ser comprendido. Hay que entender que a veces han sido impuestos por ciertos poderes que en un determinado tiempo fueron más fuertes, entender que nuestra vida presente está deteminada también por fuerzas que no controlamos ni podemos comprender en absoluto. Esto me parece un antecedente de suma importancia para la crítica y para el rechazo de prácticas, instituciones y valores del presente. Para mí, la Genealogía, el título de un método que fuera acuñado por Nietzsche y aceptado luego por Foucault, es el nombre para una tal perspectiva crítica con respecto a un llegar a ser o a la historicidad. Y aquella se refiere también a la aceptación de que en tal llegar a ser hay siempre algo extraño ocurriendo.

Saar 3

GC: En relación a este tema usted ha diferenciado dos conceptos de poder: el primero es individual e instrumental y el segundo es más bien constitutivo, social y político. ¿Usted diría que solo el segundo es importante para una verdadera teoría crítica?

MS: Considero que esta es una pregunta complicada, pero creo que si ahora uno mismo se pregunta como filósofo, investigador o como trabajador teórico qué queremos decir cuando hablamos de poder o hacemos referencia a fenómenos de poder, me parece correcto decir que el poder tradicionalmente se define en su mayoría como una acción intencional de individuos que imponen su voluntad; esta es aproximadamente la definición de Max Weber. Considero que la definición dominante y estándar de poder es cuando se impone la voluntad de uno contra la resistencia de otra persona, donde también se puede dar una forma de dominación. La gran tradición de la teoría política y de la filosofía social siempre ha hablado de poder exactamente de esa forma. Para mí es importante decir que bajo el concepto de poder hay también –y no soy el primero que dice esto–, por lo menos dos definiciones, o probablemente tres, cuatro o incluso cincuenta otras más.

Sin embargo, la segunda definición [–referida al poder constitutivo–] indicaría que bajo el término poder se puede entender también el posibilitar algo; esto puede ser la capacidad de actuar de algunos individuos, las posibilidades que surgen en determinadas estructuras y relaciones. La palabra poder en alemán se puede traducir como un fenómeno de autorización y facilitación; es decir, el poder no solo es algo que está al lado opuesto de una fuerza o la separa, sino que por el contrario sirve para unir e incluso puede hacer que algo se haga posible. Considero que en la tradición siempre esta segunda definición ha ido a la par con la definición tradicional dominante. En los autores que me interesan, como Nietzsche, existe el intento de entender el término poder en esta segunda dirección. Para mí es importante entender que cuando describimos procesos de poder o procesos históricos como procesos de poder (donde aquellos  momentos que los hacen posibles desempeñan un rol importante), es necesario un término más refinado que sería el de poder como constitución.

GC: Muchas gracias a ambos.

(Transcripción y traducción del alemán por Noemí Ancí)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s