El infierno de las “Malvinas” sigue ardiendo. Informalidad y Capitalismo en el Perú

Por Stephan Gruber

El infierno de las “Malvinas” sigue ardiendo. No me refiero a las llamas que parecen resistirse a ser apagadas, reavivándose de un instante a otro, luego de una semana de iniciado el incendio, como recordándonos algo no resuelto. Me refiero al infierno del trabajo en condiciones infrahumanas que es la imagen más chocante de esta catástrofe, en donde el encierro (para que no roben la mercancía) en que fallecieron los trabajadores solo agrega el horror a la ya inaceptable tragedia de un salario de miseria (20 soles diarios brutos), una actividad alienante (lijar la marca de fluorescentes chinos para venderlos falsificados) y un horario de explotación (7 días a la semana). Es un infierno que sigue ardiendo porque en el momento que leen esto no son pocos lugares en el país en los que se replican las mismas e incluso peores condiciones a las que hicieron que haya habido en primera instancia algún joven que desee haber postulado a un trabajo como el ofrecido en las Malvinas. El fuego de esta injusticia es más lacerante porque la situación de esclavitud contemporánea convive con discursos de auto-congratulación por el crecimiento y desarrollo económico logrado por el país en estos últimos años. Pero esta convivencia precisamente es algo que debemos observar más detenidamente.

incendio

Créditos de la imagen: Diario Correo.

La informalidad (laboral, de condiciones de seguridad, de parámetros de construcción) en el país es a todas luces la causa profunda de esta desgracia. En el caso de la laboral, esta se encuentra en un nivel muy similar a la de hace 15 años, antes del crecimiento económico. Esta se sucede desde el nivel mayor y más general –la economía y sociedad peruana– hasta los actos más particulares de autoridades o ciudadanos. Pero es un error abstraerla como una especie de condición cultural nacional, como si cierta vía de desarrollo histórico que haya tomado el Perú de la colonia, haya producido una falta de respeto a la ley inherente que hace imposible los intentos de formalizarnos. Por ejemplo, es visible ya una demanda de la población por una mayor regulación, porque las cosas tengan algo más de orden y predictibilidad.[1] Sería errado, o al menos facilista, caer en estas explicaciones culturalistas de una indomeñable herencia colonial.

Una explicación más estructuralista nos lleva por otro camino. La informalidad laboral, el sub-empleo o empleo precario más que un error o falla de mercado, es una dimensión consustancial a un tipo de modernización capitalista y modelo de desarrollo. La inserción de la economía peruana en el sistema-mundo a lo largo de la historia nos ha llevado a un modelo de crecimiento en donde se prioriza la exportación de materias primas y donde los intentos industriales se han visto limitados por múltiples factores (no solo la ineficiencia de políticas de industrialización). Esto ha ido consolidando un modelo dual de economía (un sector moderno y formal; el otro no), que genera una economía sobrepoblada[2] y poco productiva, con limitadas perspectivas para crear valor. En este tipo de economía, que el profesor Adolfo Figueroa teoriza como economías del tercer mundo con una dotación de desigualdad social, la dinámica del mercado laboral no es hacia un empleo óptimo, sino más bien a la producción sistemática de sub-empleo precario (antes que desempleo, ya que no se puede dar la economía ese lujo debido a su retraso tecnológico) que es necesario para que el sistema pueda producir excedentes de la única manera que puede en la vasta economía no-moderna, reduciendo los costos laborales al máximo en tareas repetitivas y alienantes.[3] El caso de las Malvinas es notorio respecto a los límites de la economía para producir valor: la necesidad de falsificar los fluorescentes para que tenga sentido su venta en el mercado.

Este diagnóstico debe ser tomando en cuenta, pero aquí se hace también necesario no abstraerlo demasiado, no verlo solo como la siempre presente “causa estructural” que termina siendo tan grande o sistemática que es inmanejable, imposible de cambiar. Esto sería caer nuevamente en el problema de la herencia colonial. Lo importante más bien es observar cómo estas condiciones no están simplemente dadas, sino que se actualizan y reimprimen continuamente en lo social, tanto en las dinámicas parlamentarias (leyes y bloqueo de leyes), así como en los manejos institucionales de los poderes fácticos que son rastreables y por tanto criticables. En suma, se necesita una labor de hacer visible y manejable esta “causa estructural”, para que las posibilidades de su alteración en un mediano y largo plazo sean al menos concebibles.

En el escenario actual, a nivel político, es sumamente importante que la sociedad civil, organizaciones y partidos que buscan representar a la clase trabajadora no dejen que este episodio quede en el olvido o trate de ser visto simplemente como un trágico error humano o de regulación. Las compensaciones a las víctimas así como el juicio a los responsables directos es necesario y urgente. Pero a su vez, es igual de necesario y urgente poner en el objetivo de la crítica y el trabajo político en hilvanar estas demandas con las causas que reproducen las condiciones precarias que son en sí ya una tragedia. Esto implica no solo la divulgación de las investigaciones económicas al respecto, sino trabajo periodístico y documental para el mapeo de la infinidad de estas otras “Malvinas” que están operando actualmente en Lima y el Perú, entender sus economías políticas, la manera en que se interrelacionan con estructuras más grandes, formales de nuestra economía.[4] Movilización, investigación y políticas deben ir de la mano en concentrarse en lo que sucedió a Javier Huamán y Jovi Herrera en ese inmundo contenedor infernal, ya que no es una falla marginal del sistema, sino, quizás, su oculto centro.

Notas

[1] Martucelli, D. (2015) Lima y sus Arenas. Lima: Cauces.

[2] En términos económicos, esto significa que hay más gente que la disponible para los trabajos con alto valor agregado, lo que lleva a la existencia de un excedente poblacional que antes era absorbido por la agricultura, pero que desde los 80 se ha urbanizado y vuelto el gran porcentaje de mano de obra informal. Ver Contreras, C.  (2016). “Die peruanische Wirtschaft zu Beginn des 21. Jahrhunderts”. En En Iken Papp y Friedhelm Schmidt-Welle (eds.), Peru heute. Politik, Wirtschaft, Kultur; pp. 93-115. Frankfurt am Main: Vervuert. (pp. 93-115). Frankfurt: Vervuert

[3] Figueroa, A. (2015) Growth, Employment, Inequality and Environment. The Unity of Knowledge in Economics, Vol. 1. New York: Palgrave.

[4] Durand, F. (2008). El Peru fracturado: formalidad, informalidad y economía delictiva (1a Edición). Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República.

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