Crear no una, sino muchas izquierdas. Crítica a una absurda exigencia de unidad “ideológica”

Por Gianfranco Casuso

Cada cierto tiempo la izquierda peruana nos sorprende con la aparición de una nueva agrupación, movimiento, colectivo o frente que deslinda con los ya existentes. Pasa al interior del Congreso y pasa también en la sociedad civil, donde militantes y entusiastas komsomoles dedican sus memes y textos copipeisteados a apoyar o criticar a quienes ahora aparecen como oportunistas, revisionistas o coherentes iluminados –según sea el caso. No sé en qué número de espada irá ya la cuenta. 

En esta misma línea, el hecho de que haya surgido no una, sino múltiples agrupaciones de izquierda suele ser tomado irreflexivamente por diversos analistas como una señal de desarticulación, de debilidad y de la repetición de las “inútiles” luchas que tanto costaron en décadas pasadas en detrimento de un desarrollo sostenido. La exigencia fundamental pareciera ser que, a diferencia de la derecha, para funcionar, todas las facciones de izquierda deben estar necesaria, natural e indisolublemente unidas en torno a un conjunto de principios rectores básicos. Esta idea –paradójicamente sostenida en el fondo también por la propia izquierda– es un error.

Más allá de lo anecdótico –pues anecdóticos y poco más son muchos de los protagonistas de tales rupturas–, uno de los mayores problemas de la izquierda peruana quizás haya sido precisamente la contradictoria tendencia a obligarse a buscar artificialmente aquella unidad “ideológica” que con recelo –y cierta envidia– observan que la derecha exhibe a pesar de sus aparentes diferencias. Porque la derecha política, si bien está repartida en distintos partidos y grupos, ha estado definida históricamente por su tendencia a la conservación de las estructuras sociales: a la salvaguarda de las normas, instituciones, prácticas y costumbres ya existentes. Pensemos solamente en el papel que esta siempre ha jugado –trátese de Perú, España, Alemania o cualquier otro país– como el aliado natural de las tendencias más conservadoras al interior de la sociedad. Sin ir muy lejos, recordemos qué grupos políticos encabezan la llamada “Marcha por la vida”, se oponen a la aprobación de la Unión civil para personas del mismo sexo o, llegando al borde del delirio, bloquean iniciativas parlamentarias como la igualdad de género en el mercado laboral.

 Esa multiplicidad que se suele ver como un vicio de la izquierda, tal vez sea su mayor virtud. A diferencia de la derecha, cuya naturaleza es resguardar lo ya alcanzado, cerrando espacios de posibilidad en beneficio de una única opinión verdadera –de una exclusiva y excluyente interpretación de la realidad–, la izquierda es por definición contestataria: su función ha consistido en organizar y canalizar el descontento social en el plano de la educación, la salud, la cultura, el mercado laboral, etc. Con ello desafía lo dado, relativizando su validez y mostrando alternativas acordes a las demandas legítimas de la ciudadanía. De esta manera ha abierto posibilidades para nuevas configuraciones de la sociedad que han llevado a logros sociales tales como la jornada laboral de ocho horas, la superación de la desigualdad jurídica por motivos raciales o de género o, incluso, la doctrina de los derechos humanos.

 Si la derecha es necesaria para cumplir funciones de conservación y reproducción social, la izquierda lo es para cumplir las no menos importantes funciones de integración e inclusión social, así como de adaptación al cambio. Así, si las posibilidades de transformar creativamente la realidad para bien son en principio infinitas, pues infinitos pueden ser los intentos históricos de responder a desafíos y problemas propios de la convivencia en comunidades hipercomplejas, ¿por qué debería, entonces, haber una sola izquierda?, ¿por qué se le exige una unidad “ideológica” como si se tratase de conservar algo ya existente en lugar de permitir la creación de nuevas realidades?

Un tema muy distinto es el de las alianzas electorales y las coaliciones para gobernar, pero ese es un asunto que responde más bien a motivaciones pragmáticas vinculadas a la posibilidad de realización de metas concretas y no ya a una supuestamente anhelada unidad “ideológica” que de no alcanzarse –dicen muy sueltos de huesos algunos analistas– condenaría a “la” izquierda al fracaso.

2 thoughts on “Crear no una, sino muchas izquierdas. Crítica a una absurda exigencia de unidad “ideológica”

  1. La propuesta de Mariátegui de Frente único era la unidad de acción, pese a las diferencias ideológicas (siempre que no fueran antagónicas). Hoy en día, la izquierda sigue levantando la idea del frente único y no hay quien (o al menos la consigna no es generalizada) proponga la unidad ideológica. En los últimos años, Frente Amplio, Bloque Nacional Popular, Democracia Directa, Nuevo Perú, Únete por una Nueva Democracia, Juntos por el Perú, Mas Democracia han propuesto en diferentes momentos la unidad frente al neoliberalismo, aceptando las diferencias mas o menos grandes entre grupos. El problema de la desunión no ha ido por el tema de una supuesta “unidad ideológica”.

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    1. “Así, si las posibilidades de transformar creativamente la realidad para bien son en principio infinitas, pues infinitos pueden ser los intentos históricos de responder a desafíos y problemas propios de la convivencia en comunidades hipercomplejas, ¿por qué debería, entonces, haber una sola izquierda?, ¿por qué se le exige una unidad “ideológica” como si se tratase de conservar algo ya existente en lugar de permitir la creación de nuevas realidades?”

      Como se ve, el artículo apunta más a lo que “se le exige” a la izquierda peruana. Por otra parte, tampoco se puede negar que no pocos pseudo-caudillos de la izquierda quieren construir un solo bloque homogéneo y, claro, ponerse al frente. El artículo juega con la contradicción de tener que defender la multiplicidad como necesidad de la izquierda y simultáneamente desear que exista una unidad controlada por una sola facción.

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