¿Todo tiempo futuro será mejor?

Contra una optimista –pero ingenua– intuición sobre el progreso social[1]

Por Noemí Ancí

Defender la idea del progreso no parece tan difícil teniendo en cuenta que nuestros abuelos antes andaban a pie, que nuestros padres pudieron adquirir un Toyota, que hoy nosotros nos trasportamos en un Audi y que probablemente nuestros hijos lo hagan en un Ferrari. Es cierto. Todos estamos de acuerdo en que hay un evidente progreso económico, tan evidente que mencionar una serie de datos estadísticos parece innecesario cuando basta solo con mirar el centro comercial de grandes dimensiones construido en menos de seis meses en una esquina de nuestro barrio, donde antes solo había un grupo de pequeñas tiendas familiares.

Todos estamos de acuerdo también en que el capitalismo trajo una serie de beneficios no solo económicos, sino también relacionados con el bienestar y con derechos civiles y sociales. El problema, no obstante, es que a partir del reconocimiento de dichos beneficios se pretenda concluir de forma optimista –y en cierto sentido ingenua– que todo tiempo futuro será mejor, porque así como el crecimiento económico trae una miríada de beneficios, genera también una serie de perjuicios.

Los últimos 200 años de crecimiento económico estuvieron acompañados del mayor aumento de contaminación ambiental registrado en el mundo; de un abismal incremento en la brecha de desigualdad[2]; de la aparición de formas más complejas de esclavitud (como el comercio de personas); de un consumismo exacerbado; del desborde urbano causado por la inmigración[3]; entre muchos otros problemas que se podrían mencionar.

La cuestión está, entonces, en indagar a partir de un análisis de la sociedad actual y del impacto del sistema capitalista, si el progreso económico es directamente proporcional con la ampliación de nuestra libertad como ciudadanos. Si no queremos caer en la ingenuidad de desear más dinero solo por el hecho de tener más dinero, entonces todos deberíamos estar de acuerdo en que queremos tener más dinero con una última finalidad: ser más libres (ya sea para comprar, estudiar, viajar o dedicarlo al ocio; en resumen, trabajar menos y vivir más).

Por supuesto que ante dicha duda, varios de nosotros compartimos la intuición de que en términos generales tenemos una mayor libertad que en el pasado. No obstante, si tomamos en serio la relación entre crecimiento económico y libertad, esa respuesta debería parecernos insuficiente. La cuestión entonces tiene que ver con lo siguiente: Si es que las sociedades deben apuntar a crecer más económicamente para tener ciudadanos más libres, ¿es posible afirmar que hoy en día nuestra libertad es tan amplia como lo es el progreso económico? Si Alfredo Bullard puede responder que sí, entonces estoy totalmente de acuerdo con la idea de que todo tiempo futuro será mejor.

[1] Véase Bullard, Alfredo. “¿Todo tiempo pasado fue mejor?” El Comercio, 08 de abril de 2017, en: http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/pasado-mejor-alfredo-bullard-413245

[2] Piketty, Thomas. “The Economics of Inequality”. Harvard University Press, 2015.

[3] Matos Mar, José. “Desborde popular y crisis del estado”. Instituto de Estudios Peruanos, 1986.

Créditos de la imagen: Iran-Daily

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