¿Es el enfoque de género una ideología? Límites y excesos de la tolerancia

Por Claudia Cisneros

La conceptualización del género y sexo viene siendo debatida en el mundo a raíz de nuevos conocimientos científicos y nuevos abordajes culturales que cuestionan la noción más tradicional del género asociado al concepto de sexo binario (solo hombre o mujer). Este debate pone también en cuestión el significado y alcances de la tolerancia en un régimen democrático. En el siguiente artículo propondremos que para iniciar un debate razonable del tema del género, es necesario partir de la noción de que ambas posiciones en contienda son ideología. También intentaremos dar luces acerca de cuánta tolerancia es necesaria o suficiente para mantener una convivencia atinada sin recortar derechos a la libertad de pensamiento o de opinión, al tiempo de no vulnerar la dignidad e identidad de las personas.

Entendiendo por “ideología” un conjunto de ideas que componen un cuerpo de pensamiento para la acción, podríamos decir que el marco de referencia del género es una ideología. Por supuesto que esto genera más de una aparente disonancia entre quienes defendemos el enfoque de género (EdG). De un lado porque podría parecer que aceptamos las imputaciones que hacen a la diversidad de género (DdG) sus detractores; y de otro lado porque se podría interpretar como una abdicación a la hegemonía semántica impuesta por esos mismo  detractores que la atribuyen una connotación peyorativa a la expresión “ideología”.

Si quienes defienden el sexo-género binario (Sb) son además activistas de derechas, conservadores y anti-izquierdistas, el llamar “ideología” al cuerpo de ideas que conforman una manera de entender la diversidad sexual, parece implicar una dimensión política afín al concepto de “ideología” que Marx utilizó, esto es: como falsa conciencia que enmascara los intereses de clase y que pretende disfrazar de bien común los intereses particulares. En este caso, cuando los detractores llaman ideología al enfoque de género puede entenderse como una crítica a ese sistema de creencias (EdG) que se denuncia como falso y que supuestamente intenta universalizar una condición minoritaria que contradice la concepción de género y sexo binario (Sb) que profesan, casi siempre sustentada en la “naturaleza de las cosas”.

Se entiende, entonces, por qué el uso del término “ideología de género” ha sido de facto rechazado por quienes defendemos el enfoque de la diversidad de género. Porque el concepto “ideología de género” (IdG) que manejan los conservadores, violenta el enfoque de diversidad de género desde un punto de vista político-cultural. Desde ese punto de vista, la llamada “ideología de género” que profesan es excluyente, y suele usar medias verdades para problematizar la diversidad en perjuicio de una minoría históricamente postergada, desconoce los derechos de las personas con una identidad diferenciada y rechaza el reconocimiento público de esas minorías.

Pero si intentamos ver desapasionadamente ambos extremos, resulta evidente que estamos frente a dos ideologías (en el sentido llano) contrapuestas: IdG versus EdG (Ideología de Género vs Enfoque de Género). Tanto en razón del cuerpo de ideas que inspiran un pensamiento determinado, como en su llamado a la praxis para transformar (o conservar) un sistema político-cultural. Por ello, sería interesante que quienes defendemos el enfoque de género, en lugar de rechazar la categoría de la IdG, optemos por reapropiarnos de ella y resemantizar su uso hasta que pierda el carácter peyorativo que sus propulsores han diseminado. Esa sería una mayor victoria lingüística-política que rechazar que el EdG es una ideología en el sentido que hemos expuesto (en el sentido llano).

Pero para ello tendríamos que abdicar primero de algo muy difícil de hacer, que es la creencia de que nuestra creencia es tan verdadera y tan justa que es universalizable (o debiera serlo) y que no hay lugar para otro tipo de creencias. Aun cuando pensemos que estas últimas están erradas, sigue siendo un error de estrategia finalizar una conversación antes de que empiece, deslegitimar al contrincante y no aprovechar espacios de debate para poner en evidencia estos errores. Más aun si tomamos en cuenta que no es una minoría de personas las que se adhieren al pensamiento conservador binario del sexo y género.

Esto nos lleva a un segundo tema que me interesa tratar en este artículo y es acerca de los límites de la tolerancia y del debate, si acaso pueden y debe haberlos. Cuál es el límite de la opinión tolerable o si acaso existen circunstancias en las que un debate entre creencias distintas debe ser rechazado por estimar que se le otorga alguna legitimidad a las ideas del otro que creemos falsas, peligrosas y hasta injuriosas.

Si priorizamos un enfoque ético, ciertamente no parece ni inteligente ni conveniente facilitar un espacio como caja de resonancia a ideas que agreden, afectan o despojan de sus derechos a un grupo humano. Sin embargo, tengo la impresión de que invisibilizar a quienes siendo una mayoría pretenden invisibilizar a una minoría, no solo es actuar de la misma forma en que les criticamos, sino que debilita la causa en favor de la diversidad de géneros. Si bien toda minoría en una sociedad democrática debiera tener garantizado el derecho a sus derechos, lo cierto es que hay una batalla que ha de darse, más allá de la teoría, los principios y la normatividad. Es una batalla que sucede en la dimensión pública. Y es que las demandas de fondo de quienes se adhieren al enfoque de género no pasan solo por lo jurídico, sino también por un necesario y saludable reconocimiento social de su identidad y como colectivo diverso. Por tanto, mal haríamos en cerrar las puertas del debate cuando más bien deberíamos estar exponiendo en público nuestros argumentos con tal contundencia, conocimiento, respeto y honestidad, que se prueben mejores en el contrapunto con el pensamiento conservador. Para ello, por supuesto, hace falta que quienes se impliquen en el debate inviertan tiempo importante en prepararse discursivamente, no solo acerca de sus propias ideas y sus puntos ciegos, sino acerca de las ideas, argumentos y sustentos que presenta el adversario.

Ciertamente se puede comprender que quienes se niegan a llevar a cabo debates de temas que implican discriminación y negación de derechos, puedan sentirse ofendidos ante la exhibición pública de un discurso de odio, pero si un número importante de ciudadanos no entiende aun que debería cambiar su postura de discriminación por una de inclusión, me parece que la mejor manera de transformar desde dentro la sociedad y seguir expandiendo las ideas es mediante los debates públicos. La regla de oro ha de ser las formas. Más allá de los contenidos, las formas deben ser respetuosas.

Es importante enfatizar en las formas. Si la posición conservadora calumnia, difama, incita a la violencia y/o directamente atenta contra la integridad física de las personas, se convierte en una actitud intolerable para el debate y para la sociedad involucrada. Se tornan en actitudes cuyas formas inhabilitan el debate. Karl Popper decía que “si extendemos la tolerancia ilimitadamente a aquellos que son intolerantes, si no estamos preparados para defender la tolerancia de la sociedad contra la arremetida del intolerante, el tolerante será destruido y con él la tolerancia”. Ciertamente el concepto de tolerancia es un concepto problemático. Así lo mostró Rainer Forst en Toleration in conflict: past and present. Forst también demuestra que la tolerancia puede ser usada como medio de equilibrio social, reciprocidad y respeto, tanto como método de dominación.

Sartre también opina en esa línea en Reflexiones sobre la cuestión judía. Dice que la discriminación contra el judío no entra en la categoría de pensamientos protegidos por el derecho de libre opinión: “Me niego a llamar opinión a una doctrina que apunta expresamente a determinadas personas y que tiende a suprimirles sus derechos o a exterminarlas”. Extrapolando su opinión al tema del género, ni la violencia ni la muerte serían considerados objetos de tolerancia, allí hay un límite claro. Pero fuera de eso, las ideas por más hirientes, ofensivas, e indignantes que puedan resultar hay que combatirlas con ideas, conocimiento, respeto, ironía y hasta una dosis de humildad.

Los cambios culturales importantes suelen darse en extensos periodos de luchas, debates, exigencias y reivindicaciones que a lo largo de la historia han producido sacrificios, muertes y sangre. Las transformaciones sociales pueden demorar y encontrar resistencias, especialmente en aquellos temas complejos que involucran la propia ideología o sistemas de creencias más arraigados y que requieren de la difícil tarea de superar la disonancia de algunas de nuestras creencias más sedimentadas.

Para poder empezar a discutir y plantear el deber-ser que consideramos más conveniente para una convivencia atinada en sociedad, es imprescindible partir primero por reconocer aquello que es. Y ese reconocimiento pasa por aceptar que, equivocada o no, una mayoría aun defiende conceptos y creencias que discriminan y ofenden, y que es necesario atender a sus argumentos para combatirlos en el terreno de las ideas. La tolerancia como virtud política debe llevarnos a debatir en condición de respeto al otro y fijar en ese debate los argumentos y valores que consideramos mejores para todos. Apropiarnos del concepto de “ideología de género” y posicionarlo como el mejor sistema de creencias en la contienda porque se basa en la defensa de los derechos, identidad y dignidad de las personas en equidad. Solo así la exigencia de la normatividad que se persigue podrá ser acompañada, eventualmente, de una conciencia social más extendida de su justicia y relevancia. Sin perder la calma, toca seguir insistiendo y resistiendo con ideas, respeto, tolerancia y fuerza.

* Claudia Cisneros Méndez es periodista y bachiller en Filosofía PUCP

**Un agradecimiento especial a Luis Enrique Mendoza por prestarse al debate que enriqueció de manera importante este texto.

*** La pintura que acompaña a la publicación es de Sérvulo Gutiérrez y fue tomada de lamula.pe (https://redaccion.lamula.pe/2014/02/15/un-velo-de-decencia-sobre-la-miseria-de-nuestro-tiempo/jorgefrisancho/)

2 thoughts on “¿Es el enfoque de género una ideología? Límites y excesos de la tolerancia

  1. Interesante artículo Claudia: “[…] Pero fuera de eso, las ideas por más hirientes, ofensivas, e indignantes que puedan resultar hay que combatirlas con ideas, conocimiento, respeto, ironía y hasta una dosis de humildad.” Tus reflexiones acerca de la tolerancia, de la necesidad de establecer la conversación y de cómo lograr cambiar la sociedad “desde dentro”, reconociendo que cambios culturales importantes toma extensos períodos de tiempo, y pues porque no es una minoría con la que se debate, son realmente valiosas en un contexto en el que, y no solo en nuestro país, parece haberse llegado a una suerte de exacerbación colectiva en los temas de género, lo cual no favorece el objetivo de una mejor convivencia. Y no únicamente por la obstinación de los “adversarios”, sino también, y en buena medida, por algunas acciones radicales dirigidas a callarlos (particularmente en el ámbito académico). Esto, naturalmente, dificulta dichos cambios al impedirse que las propias ideas lleguen a más personas. Después de todo, es a personas de una mayoría que piensa distinto a quienes se busca convencer.

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